Comer a ciegas, sentir a tope

mar gil OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Santi M. Amil

Alumnos de hostelería se ponen en la piel de invidentes

04 abr 2014 . Actualizado a las 07:10 h.

No hace mucho que algún hostelero avispado nos descubrió que comer a ciegas podía ser una experiencia sensorial extraordinaria y gratificante. Ayer, un grupo de futuros hosteleros, los alumnos del instituto de Vilamarín, recibieron una lección personalísima de cómo es comer -y vivir- a ciegas. Una lección humana y también profesional porque a la mesa de estos futuros restauradores se sentarán todo tipo de clientes. Ayer tuvieron oportunidad de aprender con eficacia, poniéndose en la piel de los invidentes

Seis jóvenes estudiantes, con la ceguera como elemento común, se sentaron a las mesas del cuidado restaurante que la Escola de Hostalería de Vilamarín ha dispuesto en sus instalaciones. Era el colofón a una visita programada por la ONCE en la que los anfitriones hicieron mucho más que poner en práctica sus estudios en protocolo, restauración, gestión de alojamientos u organización de eventos. Ayer, alumnos como Beatriz Prada o María Rego vivieron una experiencia profundamente humana, la de convertirse en otro. Un antifaz negro sobre sus ojos bastó para que el papel de lazarillo se trastocase. Durante la hora anterior habían sido guías de Jacobo Boullón y Melisa Gómez, dos de sus invitados invidentes.

Antifaz

A la hora de degustar el menú, el antifaz los igualó a todos y los ciegos se convirtieron en lazarillos. «Es impactante -expresa María Rego, ciega experimental en esta singular iniciativa-. Resulta bastante incómodo porque no sabes lo que tienes alrededor; no es angustioso, pero sí que incomoda un poco». Beatriz es una bomba de expresividad; se muestra torpe con el primer plato, pero comprueba que «la comida, así, se paladea más». A su lado, Jacobo, licenciado en Derecho y ciego desde los 15 años, lo certifica: «Es más intenso el sabor. Se suele decir, y es real, que potenciamos los otros sentidos». Él, que echa en falta en los restaurantes ourensanos algo tan sencillo como cartas en braille, es el cicerone de los nuevos ciegos: «Tienes que tocar, toca los bordes del plato para conocer los límites». Y Beatriz, que se come el mundo a través del antifaz, toca y saborea como nunca.