Cables para servicio a los demás, pero no para uso propio

p. seoane ourense / la voz

OURENSE

CEDIDA

Una vecina de Barbadás sufre la incomodidad de tener un código postal del vecino Toén

18 sep 2014 . Actualizado a las 16:00 h.

Os Peares es el ejemplo más granado de la locura administrativa, de cómo un nucleo de población se lo reparten entre cuatro ayuntamientos, dos diputaciones y hasta dos diócesis. En el caso del grupo de vecinos que residen en Barbadás, en el cruce de la carretera de Moreiras, los impuestos los pagan en el concello de Barbadás pero su código postal es del municipio de Toén. Y como consecuencia de ello, puede ocurrir - según las explicaciones que le han dado a una vecina de este lugar- que en una empresa de telefonía se crucen los cables, en sentido literal y figurado, para que la obtención de un servicio acabe convirtiéndose en un imposible. El cliente, como consecuencia de esta inesperada situación, puede acumular más días de los que hubiera deseado sin una línea de teléfono. Con la salvedad de que, además, su casa y sin finca particular alberga cables y más cables, de cuya existencia no obtiene beneficio alguno. La abogada M.C.G.A. consiguió que desaparecieran los cables del tendido eléctrico, pero no los de las líneas de teléfono, que siguen en su sitio, invaden su propiedad e incordian, pero no le ofrecen utilidad alguna.

Atención telefónica discutible

A la peculiar situación de hastío que arrastra esta consumidora ourensana contribuye de una forma más que notable la paulatina supresión de los servicios de atención personalizada. Hablar por teléfono con máquinas resulta especialmente complicado.

El caso tiene su origen en un cambio de operador de telefonía, en este caso de Jazztel a Movistar, iniciado el 6 de septiembre, que acaba dejándola sin servicio. La primera empresa, una vez completado el proceso de portabilidad, se desentiende. La usuaria ya no es clienta. La segunda, por su parte, tampoco responde con la agilidad prevista. Cuando la usuaria consigue que llegue a su casa un técnico, ocurre que, pese a haber advertido previamente que aquello es Barbadás y no Toén, como le habían asignado una línea que al parecer no se correspondía con el lugar, no se la podían instalar. No solo sigue sin línea de teléfono, sino que la afectada no deja de recibir cada día en el correo electrónico publicidad con las mejoras que le ofrece la misma compañía que tiene los cables en su finca y no le puede prestar servicio.

Reclamó la afectada a la administración, a Telecomunicaciones, pero ha sido en balde, pues le indican que ha de esperar un mes para que se pueda producir esa intervención oficial.

Y encima, según lamenta M.C.G.A. a modo de guinda, ni siquiera le queda el consuelo de poder ir a una oficina de la compañía de telefonía a quejarse de forma ruidosa.

consumo la odisea de un cambio de operador