«Sigo siendo tranquilo, a lo mío»

mar gil OURENSE / LA VOZ

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Conchita y Daniel, en el aula donde el guitarrista estudió primero de BUP.
Conchita y Daniel, en el aula donde el guitarrista estudió primero de BUP. miguel villar< / span>

Daniel Minimalia y su profesora, Conchita Portabales, recuerdan la etapa escolar del músico ourensano

02 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Sus compañeros de Carmelitas lo escucharon interpretar a Bunbury en un trabajo de fin de curso. La profesora de Música, Conchita Portabales, les propuso, tal vez como compensación a un año de duro y extenso temario, interpretar a un grupo de música que les gustase. Y Daniel Minimalia, que entonces era Daniel Llorente Rey, no lo dudó: era fanático de Héroes del silencio y se puso en la piel de Bunbury. Dentro de muy poco tiempo se encontrará con él en Los Ángeles, de tú a tú.

Han pasado años desde aquel debut escolar y el éxito ha empezado a llamar a la puerta de este discreto ourensano que ha construido su vida en la trastienda de una guitarra. Hace apenas una semana llenó el Auditorio de San Francisco. A pocos metros, el salón de actos de su antiguo colegio permanecía vacío. Cuando estaba en 3º BUP vivió en aquel espacio su primera actuación en público.

«Eran las fiestas del colegio -recuerda con precisión Conchita- y tradicionalmente se hacía un acto y un pregón anunciando la programación». Aquel fue el primer año en que el habitual

play back

fue sustituido por música en directo. A la guitarra, Daniel: «Fue la primera vez que actué en público; había

play back

y yo tocaba de verdad, por encima». Aquel día sonaron Los Suaves, Deep Purple y Santana y Daniel siente con nitidez que «el salón de actos no me intimidó». Muy al contrario de lo que pasaba en el día a día: «Siempre estaba nervioso antes de ir a clase».

Se fraguaba un artista que dejó de una pieza a su profesora: «Daniel siempre fue muy tímido así que cuando hizo el trabajo de música con Héroes del silencio aluciné porque no me lo esperaba y ya, cuando actuó en el pregón, eso ya?»

 

 

Un niño bueno

 

La guitarra sacó del cascarón de la introversión a un niño, esencialmente, «bueniño», describe Conchita: «Era el típico niño que, de bueno que era, muchas veces hasta pasaba desapercibido. Luego empezó a ser más extravertido pero no se metía en problemas; él era tranquilo, iba a lo suyo».

«Sigo siendo así, tranquilo, a lo mío», corrobora Daniel mientras se da un baño de memoria recorriendo pasillos, aulas y escaleras del colegio en el que estudió de 1988 a 2001. Llevó uniforme durante toda la EGB y por eso se detiene con satisfacción en el aula donde cursó 1º BUP, el año de la liberación del vestuario: «Tengo un buen recuerdo y, además, tengo la imagen más clara de Conchita en ese curso. De pequeño me dio inglés como actividad extraescolar, era los lunes por la mañana, tan temprano que llegábamos de noche al colegio; luego fue tutora mía en 7º y también me dio Música. Recuerdo perfectamente las audiciones de música clásica; a mí me gustaban y me enfadaba con los compañeros que no me dejaban escuchar».

En el capítulo menos oficial, Daniel se ríe de las falsificaciones que un compañero hacía de los carnés de salida en el recreo y de los piropos que le cayeron en un determinado momento: «Estando en BUP hice inglés en la Escola de Idiomas y por eso me llamaban chapón pero la verdad es que yo odiaba chapar, ocupaba la memoria con otras cosas».

Ajeno al estrés actual de actividades extraescolares, Daniel nunca estudió música pero en el cuadro de su infancia y su adolescencia la imagen que se repite incansable es la de un chico, su guitarra y una buhardilla: «Lo prefería a la vida social. Para mí la música era un alivio, una válvula de escape. ¡Cómo no me gusta mucho expresarme! Ya componía estando en el cole, con dos casetes. Conservo la grabación en casa. Llorente Blues Band 2000».

daniel minimalia y conchita portabales

«Yo estudiaba Ciencias por obligación»

 

El encuentro con Conchita Portabales -«me llamaba la atención porque era un perfil diferente al de profesores anteriores, era más dinámica», cuenta Daniel- tiene como invitada a María Fiaño, su segunda referencia docente. En la charla van surgiendo nombres de profesores y de materias, como la Historia, que le dejaron una huella profunda: «Era mi asignatura favorita, siempre me pareció una manera de entender la actualidad; me daba clases Gabriel Carballo, que era muy apasionado».

Pese a ello, Daniel se encaminó al mundo de la empresa y la economía: «Hice ADE y un máster, tenía un trabajo y lo dejé para intentarlo con la música. Mi familia era un nido de funcionarios y yo, realmente, estudiaba Ciencias por obligación, por el rollo de que tiene más salidas? Mi hermano me marcó mucho por las notas, ponía el listón muy alto, pero a mí me encantaba la Revolución francesa y todo eso». Tal vez de ahí surgió «algún momento contestatario» que reconoce haber tenido en el colegio aunque, entonces y ahora, lo suyo sea la discreción: «No me gustaba hacer ruido».