
Portillo llega al Principal con el monólogo «El testamento de María», dirigido por Agustí Villaronga
17 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Es una de las actrices más reconocidas y respetadas de la escena española. Actriz, productora y directora, Blanca Portillo (Madrid, 1963) atesora una destacada carrera profesional en la que, a lo largo de más de tres décadas, ha participado en montajes teatrales que aún son proyectos de referencia en el sector -en los últimos años «Hamlet», «Medea», «Antígona», o «La vida es sueño»-, series de culto para la televisión y películas. Dio un paso al frente en su día para asumir el riesgo de dirigir el Festival de Teatro de Mérida, aunque la experiencia no resultó satisfactoria. Su palmarés atesora una enciclopedia de premios, desde Cannes a los Mestre Mateo y de los Goya al Nacional de Teatro (2012) o la Medalla de oro al mérito en las Bellas Artes (2014). En televisión participa en la actualidad en «El chiringuito de Pepe» y esta tarde está en el Teatro Principal (19.00 horas) con el montaje «El testamento de María».
-¿Enfrentarse al público en un monólogo de casi hora y media impone respeto?
-Y miedo. De hecho nunca había hecho tal cosa. Lo más parecido era participar en El Club de la Comedia y ya me dirás, entre eso y esta obra media un abismo. Cuando me lo propusieron me daba miedo... y pereza.
-¿Y aún así aceptó?
-Es cierto que eres la única que se sube al escenario, pero vas más tranquila porque estás rodeada de un equipo de gente magnífica. Me cuidaron mucho y cuando me dirigieron lo hicieron con una sensibilidad y una complicidad maravillosa. Es un vínculo muy estrecho y particular.
-¿Qué tal se entendió con Agustí Villaronga?
-Bien. Mejor que bien, genial. Los dos éramos primerizos: él en la dirección teatral y yo en el monólogo. Pero cuando eres bueno en lo tuyo eso se nota y siempres sales airoso, y Agustí Villaronga demostró que además de ser uno de los principales realizadores de cine en este país es un gran director de escena. El resultado es bastante elocuente: llevamos año y pico con el montaje y al público le encanta.
-¿El recorrido de la obra y las personas a las que se asocia condiciona el trabajo?
-No puedes pensar eso. Si lo haces te paralizas. Colm Tóibín escribió un texto que leyó Meryl Streep y el montaje ha recibido premios internacionales. Si me comparo con Meryl Streep no hago nada, me quedo inmóvil. No es bueno compararse; nosotros hemos hecho nuestra versión, con todo el esfuerzo y profesionalidad, y creo que el resultado ha sido excelente.
-Tóibín da voz a María y se reivindica una figura que siempre ha estado relegada.
-Así es. Dentro de la religión católica María ocupa un puesto destacado, es la madre de las madres, pero luego ves que en los documentos y en los textos religiosos no tiene el protagonismo que merece. No cuenta con voz propia. La historia, que contaron quienes no la vivieron, la margina y la condena al olvido.
-¿El testamento la reivindica?
-El objetivo es darle el protagonismo, traerla al presente y ponerla en primer plano. María perdió a su hijo, al que adoraba y el que era su único descendiente, como tantas otras madres. Al igual que muchas mujeres se sacrificó por él y vio como moría por defender unos principios y una ideología; como acontece con tantos jóvenes de hoy en día. Es una historia realmente fascinante: María tuvo un hijo que cambió el mundo, pero que le destrozó la vida.
-¿Hablamos de una historia universal?
-Dolor, rabia, impotencia... son sentimientos y estados de ánimo universales. El propio autor señala que María podía ser una de las voces o de los personajes del teatro griego o romano, la que en este caso tiene el don de la palabra. Y la obra apuesta por mostrar lo que hay detrás del personaje, su mundo y sus sentimientos. Con fuerza, para que se nos quede.