El nuevo año se presenta positivo para la entidad que renovará parte de su mecanizado a través de la donación de la Fundación Amancio Ortega a la federación de bancos de alimentos.
-¿Qué les ha tocado en el reparto?
-Creo que llegarán carretillas elevadoras, apiladores eléctricos y dos furgonetas, una de ellas isotérmica, que nos hacía mucha falta.
-¿Cuál es el mayor logro de la entidad en estos años de crisis?
-Yo creo que el haber estado a la altura, en el trabajo y en el compromiso, para llegar con la ayuda a la mayor cantidad de personas posible. Pero lo mejor de todo es que la gente ya nos conoce y piensa en nosotros cuando va a hacer cualquier evento solidario. Nos llaman, se ofrecen... Eso es una de las cosas que más orgullosos nos hace sentir a los voluntarios que estamos trabajando en el banco. También las charlas en los colegios sobre el consumo responsable para que los niños se conciencien de la cantidad de comida que se desperdicia cada día.
-¿Ahora ya no tienen que llamar a tantas puertas?
-Seguimos llamando, porque nuestro objetivo es siempre conseguir más para llegar a más gente, o a la misma pero cubriendo mejor sus necesidades, buscando producto fresco que nos ayude a equilibrar la dieta, por ejemplo. Estamos encantados, porque hemos logrado que nos conozcan y que confíen y piensen en nosotros con la misma naturalidad que piensan en otras organizaciones como Cruz Roja o como Cáritas que hacen una labor ingente y mucho más amplia y variada que la nuestra.
-¿Hay alguna faceta menos agradecida?
-Sobre todo la burocrática. Todos los informes que hay que hacer para el control, sobre todo los que exige el Fega que son interminables. Pero hay otras muchas tareas que no se ven y que aquí tiene ocupada a gente todos los días.