Puede que la solución a los problemas de esta provincia, que son muchos, llegue desde Washington. Sin embargo, parece más lógico pensar que deben ser los propios ourensanos los protagonistas del progreso de este territorio, si es que algún día llega. Aunque el paternalismo político imperante durante décadas nos haya acostumbrado a pensar de otro modo, todos tenemos una parte de responsabilidad en que las cosas sean mejores para la comunidad en la que vivimos. Pese a ello, no a todos se nos puede pedir lo mismo. Debe haber un nivel de exigencia mayor hacia los políticos que se ofrecen a representarnos y que, tras pasar por las urnas, consiguen su escaño (y sueldo público) en una institución.
Estos días se estrenan en el Congreso las cuatro personas elegidas por los ourensanos para que representen los intereses de la provincia en Madrid. No están allí solo para asistir desde un asiento privilegiado al espectáculo que están dando los partidos con la investidura de un nuevo presidente. Están allí para reclamar lo que a Ourense corresponda a partir de ahora y, sobre todo, para exigir que se compense a este territorio por el constante abandono institucional al ha sido sometido históricamente. No están allí para reírse, aplaudir o patalear (cada uno lo suyo) con el último chascarrillo sobre Cataluña, Otegi o el beso Iglesias-Domènech. Están allí para que se hable de Ourense. Y no debe ser tan difícil. Estos días sí se habla de la ría de O Burgo (A Coruña) o de la de Pontevedra, del sector naval, de la pesca... Que se pongan a trabajar antes de que no quede nada por lo que luchar.