La cápsula del tiempo

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Santi M. Amil

Veintidós fotógrafos ourensanos, 22 años después, en la Casa da Xuventude

05 jun 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

«Todavía creo que nuestro mejor diálogo ha sido el de las miradas». Benedetti.

Con la energía con la que la presidenta de la Casa Xuventude, Rosa González, dirige este espacio y su efervescente personalidad continúa el compromiso de aproximar el legado cultural a los jóvenes y no tan jóvenes de la Casa sin edad, de la Casa para todos, de la Casa sin límites del querido Benito Losada, incentivando y apoyando el crecimiento creativo durante más de 35 años, las propuestas intelectuales desde la pluralidad y la libertad de expresión, dando visibilidad a la proyección de artistas.

Nuestra Casa da Xuventude, hoy Espazo Xove, revisa desde la perspectiva del tiempo -22 años después- la exposición «22 novos fotógrafos ourensáns» que en 1985 inventariaba a los fotógrafos del momento cuya profesionalidad se reconoce en el fotoperiodista Iñaki Osorio del Faro de Vigo, Pepe Seoane de La Voz de Galicia, Paco Sarria, M. A. Piñeiro y en artistas como Santiago Barreiros e Ignacio Basallo.

Pepe Seoane atrapa el instante de la imagen de Bresson y Dorothea Lange. Plantea un abrupto contraluz con un primer plano próximo que descentra la escala acentuando la desproporción expresiva entre el tamaño del niño y la cámara, en primer término, y las figuras que minimiza la distancia. En otro retrato una adolescente Marta Bobo posa con mirada introspectiva. Como si de una pintura se tratase, el personaje se presenta con una leyenda contemporánea en la que se identifica con su oficio en un póster de un torneo de gimnasia rítmica.

Dos retratos femeninos de Paco Sarria juegan con el volumen contrastado del blanco y negro y la descontextualización del desenfoque en el paisaje.

Xulio Rúas enmascara al actor en la escena dramática y añade un retrato que pondera la expresión del maquillaje y el gesto.

Nacho Romero capta un primer plano de metales en el brillo del saxo.

Soledad Rodríguez (Marisol) exhibe dos expresiones abstractas en color, sugiere un órgano interno latiendo en la incandescencia crepuscular de la bombilla, suscitando en la memoria la sensualidad erótica de las flores de Mapplethorpe.

Tenebroso, el nocturno que Eduardo Raimúndez presenta con fuerte lirismo romántico.

M. A. Piñerio revisa las vanguardias con una composición Pop construida con el cartón de un carrete Konika, que lleva impreso «marzo de 1986» y la etiqueta del envase de un chocolate soluble. Bodegón contemporáneo de elementos descontextualizados. Los gusanos de luz forman una composición hipnótica en su trepidante movimiento.

X. M. Pérez (Xoma) juega con luces y sombras, picados y contrapicados, abruptos claroscuros y miradas inducidas por encuadres inusuales del espacio periurbano, como August Sander.

Un viaje al pasado plantea Javier Otero en una vista de los soportales de la Plaza Mayor, con coches, e insinúa la librería Resvie enfrente de donde se sentaba un entrañable limpiabotas.

Los pájaros de Eduardo Núñez remiten a los de Hitchcock en un interés por la imagen cinematográfica como el de Robert Frank.

Los retratos femeninos de Benito González remiten a la introspectiva cotidianidad de Vermeer y los paisajes inquietantes de Antero González al pictoricismo intimista de Gertrude Käsebier.

Con un sugerente y místico rayo diagonal rompe la arquitectura de la catedral Emilio Cid.

La capacidad de Iñaki Osorio para captar el instante se aprecia en las fotografías de conciertos que presenta. Como defendía el padre del fotoperiodismo Cartier Bresson, construye una imagen en la que «pone cabeza, ojo y corazón en el mismo momento en el que se desarrolla el clímax de la acción» plasmando así el movimiento, color, ambiente y tensión de las actuaciones de Los Suaves y Gwendal en directo. Osorio, como Eliott Erwitt, amplía el impacto comunicacional que trasciende al artístico.

Ignacio Basallo traslada su mirada de escultor a la imagen como volumen.

La mirada sofisticada del artista S. Barreiros está en los encuadres poéticos de Piazza Navona, en el reflejo del cielo en los charcos de lluvia del París de Brassai, presentando en el mismo plano la sección invertida del turista diletante. En la vertiginosa poesía del voyeur, Henry Miller y Helmut Newton pasean.

Antonio Alonso presenta en la sensualidad del blanco y negro un un erotismo que recuerda a Tenaglia, Cam Atree o Yura Kurnosov.

A. López y C. Valentín presentan un realismo social heredero de la Pardo Bazán, Menéndez Pidal y Diane Arbus, documental y literario de un existencialismo sin histeria. Marcos Gallego, X.L. Vázquez Che y José Ulibarrena completan este elenco.