
Exposición retrospectiva de Pedro Bueno Salto en el Marcos Valcárcel
24 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.«El arte no reproduce aquello que es visible sino que hace visible aquello que no siempre lo es». Paul Klee.
Del drama expresionista al paisaje. Bodegón y retrato. Pintura como transmisión de los sentimientos entre el artista y el espectador a través de la sensibilización del alma del artista, su lenguaje y emotividad y escultura como elemento distorsionador de la angustia en la hipertrofia expresiva de las piezas, solemnes, temperamentales, ensimismadas. La cabeza como vértice expresivo de la alienación, la soledad y la opresiva realidad contemporánea son expresiones del universo artístico de Pedro Bueno Salto.
El artista funda junto a Ramón Manzano, Nito Davila, Xosé Cobas, Carlos Gancedo y Vascocellos el grupo Desnivel que dio lugar a la revista homónima allá por los años de la movida. Época de efervescencia creativa los ochenta que le dan la consistencia del creador experimentado en viajes de largo recorrido. Miembro del grupo Mamoa, con Vasconcellos y Folgueira y con Manuel Gandullo, Ramón Astray, Alfonso Costa y Gabú del proyecto del lago de As Pontes, Pedro Bueno presenta en el centro cultural Marcos Valcárcel, una retrospectiva planteada como proyecto específico para el espacio con gran coherencia y equilibrio.
En la construcción del paisaje contemporáneo presenta las diferentes interpretaciones del espacio convertido en instante íntimo a través de dos postulados, el que concierne a la realidad como concepto de paisaje y el que trata los aspectos psicológicos que transmite en base a cómo éste se construye, un paisaje articulado como imagen de elaboración mental susceptible del espectro visible que se percibe al contemplar un territorio y cómo la memoria, la historia y la experiencia hacen que su percepción se amplíe a la emoción, permitiendo interpretar en términos culturales y estéticos las cualidades de un territorio o lugar en forma de veladuras en la inmanencia del recuerdo. Atmósferas acuosas, dominadas por barridos de color y turbias trasparencias como en Calle Olmos, París o Barrio Gótico, trasladando al paisaje urbano habitado el efecto de trepidación, ahumado por la vibración de la luz y el movimiento del agua.
Friedländer definió al paisaje como: el rostro de la Tierra en cuanto al efecto que causa sobre nosotros. Solo las personas que se encuentran con la naturaleza desde cierta distancia la transforman subjetivamente en un paisaje que se construye mediante la visión del individuo. El artista que se enfrenta al paisaje no expresa una naturaleza sin reflexión. Su visión representa lo efímero y transitorio de la percepción y que, con el resultado de una pincelada que disuelve la forma, introduce en la abstracción, un paralelismo constructivo como Cézanne.
La pintura de Bueno Salto hace del empaste, forma; madurando la poesía en gesto, los tiempos del ser; las edades y convertir todo ese ímpetu, entre la energía y la inercia, el caos y el equilibrio, la locura y la lucidez, la distorsión expresiva del lenguaje, en un hábitat plástico personal en el que combina elementos expresionistas y líricos. Épica resulta la obra Las Puertas del Infierno en la que reproduce un gran desnudo femenino, eje de una composición que descentra con figuración abigarrada y deformada por el empaste que se transforma en máscara de íncubos y demonios en la asfixiante temperatura de caverna de un color en llamas y remite a las deformaciones expresionistas de Kathe Kollwitz, Ensor y Otto Dix. El tratamiento matérico de la pintura como forma directa de intervención, el lenguaje plástico como medio de expresión del estado de conciencia interior, presentando el rostro humano como una máscara grotesca que siempre revela con crudeza emociones elementales y actitudes básicas.
La preferencia por la construcción oval del espacio acentúa la sensación de opresión y vigilancia y una luz menguante en áreas claustrofóbicas e intenso claroscuro como expresión de la dualidad del individuo confrontado con su mundo interior dominado por el vicio, la decepción y el descreimiento, como se observa en la serie dedicada a los pecados capitales: Soberbia, Ira, Envidia
Estudio de artista convertido en bodegón en Ricón del taller y naturalezas muertas como El retablo de los fantoches. Vitalistas son los retratos infantiles de Carmela, Martina, Telma y Daniela.
Y la extraordinaria escultura sorprendente en el gesto y de técnica maestra en los bustos de Arlequín (Remite al Balzac de Rodin) Poseidón, el inquietante Arlequín II, Australopitecus y Medusa, de barro refractario policromado.