Pérdidas

Pablo Varela Varela
Pablo Varela EL APAGÓN

OURENSE

06 jul 2021 . Actualizado a las 09:01 h.

Hace ya años, durante la charla de un freelance trotamundos de la profesión, se recordó lo barato que era —y sigue siendo— asesinar por unos pocos billetes en muchos puntos del planeta. Quizá no haya que irse muy lejos, a guerras y conflictos que desde Europa se lamentan por unos minutos y a distancia, para darse cuenta de que el desprecio total a la vida ajena también se da en el patio de casa.

El pasado fin de semana, una paliza mortal se llevó para siempre a Samuel, coruñés de 24 años, y algo se removió de inmediato en nuestros adentros. La crónica de lo ocurrido, al igual que la crónica de mucho de lo que vino después, habla de una sociedad crispada, obcecados todos en resolver en apenas unos minutos algo tan complejo como un crimen salvaje. Mal haríamos en ejercer de jueces populares o investigadores a título propio de una tragedia que ha sacado a la luz varios de los defectos de nuestro tiempo: uno de ellos es que se opina al instante incluso de lo que se desconoce, porque quien no opina tiende a caer en la inexistencia, la condena por excelencia en la era de las redes sociales.

Tiempo atrás, un compañero que reniega de ellas me explicó por qué: «Antes se leía más, se escuchaba más. Ahora, lo importante es no pensar demasiado, hablar rápido y alto, estar a toda costa en la conversación del momento. Decir de todo y decirlo ya. Y eso no es para mí». Dudo que sea el sentimiento de mejoría personal al que nos agarrábamos durante los meses de encierro de la pandemia, que solo dejaron una cosa clara: para algunos, la vuelta a la vida solo sirvió para robársela a otro, sacando todo lo malo que, en realidad, ya llevaban dentro.