En Madrid no hay carnaval. Se lo montan de otra manera. Allí la imaginación la usan para sacar dosieres de sus adversarios políticos; aquí para convertir un personaje o escena cotidiana en una reinterpretación humorística y desenfadada. En la capital se pasan días y semanas tirándose pullas. En Ourense tiramos de retranca. En Madrid hacen jirones de las carreras políticas; aquí nos pasamos días y semanas cosiendo disfraces para lucirlos en unas pocas jornadas festivas. Y no quemamos ni colgamos a nuestros políticos. Solo a los mecos. En Ourense somos más riquiños. Y más estos días de febrero. Solo hace falta que le echen un vistazo a las fotos y al texto situado a la izquierda de estas líneas. Igual una mesa redonda alrededor de un buen cocido servía para arreglar los problemas del Partido Popular. Al menos, mientras estuvieran alrededor de la mesa, habría algo de distensión sin la acritud que todos se manifiestan en los últimos días. Pero claro, lo malo del cocido, aunque está buenísimo, es que es difícil de digerir. Y con el estómago pesado es complicado tomar esas decisiones que los políticos insisten en que hay que tomar para resolver la situación. Pero bueno, quien dice un cocido, dice un caldo de gloria. Mejor hoy, que es el día de Rosalía. Igual les venía bien un poquito de caldo ligero a todos para purgar sus indigestiones. Y tras sus deliberaciones, que se pasen por Ourense a correr el entroido. Pueden ponerse una máscara alegre o vestirse de peliqueiros. En Madrid, no lo van a poder hacer. Porque allí resulta que no hay carnaval.