De lo del eclipse han pasado apenas unos días y yo todavía no me he conseguido recuperar. De hecho, no sé a qué carta quedarme. No sé qué opinar. Hasta ahora, el 12 de agosto para mí era una fecha familiar, mi hermana cumplía años y cada vez que se acercaba esta fecha mis tribulaciones, mis angustias, se reducían a qué le compraba por su cumpleaños, si le compraba algo. Ahora por culpa del maldito eclipse todo ha cambiado.
Dentro de unos años la gente recordará el eclipse del 2026, como yo recuerdo el eclipse que se produjo cuando yo era joven y que se redujo a que podías usar, o bien radiografías o bien gafas de soldador. Pero nada más. Yo no recuerdo nada más. Solo sé que no nos quedamos ciegos a pesar de que no utilizamos gafas homologadas y que la cultura media del país, pareciera algo inferior a la actual, aunque esto se podría discutir. El caso es que en este año 2026, este país ha cambiado tanto que este eclipse ha supuesto algo así como una catarsis colectiva de toda la sociedad, pero sin saber muy bien de qué. Lo de la pandemia del Covid nos iba a hacer mejores, y ya sabemos que no nos hizo, pero qué nos va a hacer el eclipse. No lo sabemos. Pero todo parece demasiado raro.
En nuestros patios de vecinos actuales, en nuestras redes sociales, en los estados de Whatsapp, en Instragram, en X antes llamado Twitter y en Tiktok, y hasta en Facebook, el tema era el eclipse. Desde personas con formación en el tema a personas sin ningún conocimiento, todo el mundo opinaba sobre este fenómeno natural, que más allá de su singularidad, no acabo yo de entender muy bien en qué puede afectar a nuestras vidas. Pero no sé por qué pareciera que sí afecta.
Los medios se han hecho eco, y esto nos permite observar todas las aristas del fenómeno: desde la parte más científica y racional, hasta la que se escapa de las explicaciones ordinarias y profundiza en aquello que definiría mi querido Vicente Risco como lo esotérico… Y tiene su gracia, porque unos y otros se comportan con lo del eclipse como si se redujese todo a un acto de fe en las diferentes opiniones polarizadas, o lo que es mejor, a lo que se ha dado en llamar en los últimos años infotainment, una perversa mezcla, en la expresión inglesa, de información y entretenimiento. Y aquí estamos todos, dejándonos llevar por esta corriente tan inquietante, que no conduce a nada porque qué nos importa que un ridículo surfista haga surf mientras hay un eclipse o que alguien decida quedarse en casa porque le parezcan chorradas.
Lo importante es lo que decía un conocido filósofo actual, Marcos Llorente, que algún descreído dirá que simplemente es un futbolista, y además lateral, y además del atlético de Madrid, con eso de que lo de eclipse era pan y circo. Y tiene gracia que lo diga él, que trabaja en el circo, y que, además, algunos dicen, no yo, faltaría, que es tonto. Pero yo no lo creo, acaba de ganar un mundial, con lo que cualquier opinión que tenga sobre cualquier cosa debe ser escuchada con atención, y además gana un sueldo, el bruto, el sueldo, de 8,3 millones de euros al año, esto es, 22.740 euros al día. Solo por eso tiene que tener algo de razón. O no. A mí me hace gracia saber cuánta gente estuvo en Montealegre, o en el Puente romano, o en Carballiño o en Valdeorras, o en las playas viguesas o coruñesas viendo el eclipse, y puedo entender que esto tiene su punto. Aunque a mí lo que me interesa saber es donde lo vio Jácome, y Caballero y Ayuso. Y Rueda, y Besteiro y Ana Pontón, y hasta Pedro Sánchez, Núñez Feijoo y Abascal, que imagino que ya habrá vuelto de Ceuta, aunque a lo mejor sigue allí, porque está defendiendo su país y se despistó. ¿Quién sabe? Y me gustaría saber también qué dice la religión, las religiones, del eclipse. Por saber, necesito saber hasta dónde lo vio Felipe VI. Las revistas de papel cuché ya han informado que eligió el Museo Son Marroig de Deiá en la sierra de la Tramontana para verlo, pero yo quiero ver la foto que lo ratifique. Si no voy a acabar pensando lo que algunos dicen, que las élites no ven el eclipse porque es malo, y les puede perjudicar. Al fin y al cabo, en el mundo actual, en el que todo es impostura, la foto impactante de Felipe este año es esa en la que aparece en bañador, y como dijo otro medio de la prensa rosa con mucha gracia, esa foto lo eclipsa todo. Mientras tanto, yo todos los 12 de agosto seguiré pensando en qué le regalo a mi hermana, aunque no haya eclipse.