
Venezolano con raíces gallegas, abrió un taller de cuchillería artesanal en Placín
06 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Ricardo Padín tenía una empresa de transportes en Venezuela. Y no le iba mal hasta que la situación se complicó. Vivía con el miedo continuo a un atraco, así que decidió dejarlo. Era el 2017 y le tocó reinventarse. Por aquel entonces ya llevaba un tiempo ocupando sus horas libres en hacer cuchillos de manera artesanal. En la forja liberaba tensiones y dejaba fluir su vena más artística. Así que apostó por la cuchillería como su medio de vida y le salió bien. «Vendía sobre todo para parrilleros», explica. En Venezuela el sector de la hostelería especializado en carne apostaba por cuchillos de grandes dimensiones. Los crea con acero de Damasco. «Se popularizó hace 800 años en lo que hoy es Siria para hacer espadas. Fue una revolución porque era mucho mejor. Eran piezas que tenían las personas de mayor poder económico», señala. Él usa una técnica moderna basada en hechos históricos. «Antes se hacía por fundición en un crisol y ahora lo hago con capas de acero laminado, que voy multiplicando y se obtiene una barra sólida con un patrón definido que está escondido dentro de la hoja. Cuando lo sumerges en cloruro férrico y creas la oxidación aparece el patrón que dibujé», explica.
Hace diez meses, Ricardo se mudó a España junto a su madre, su mujer y su hijo. La primera parada fue Alicante, donde ya residía parte de la familia. Y desde ahí comenzaron a buscar un lugar en el que poder reiniciar el negocio de este lado del charco. Y lo encontraron en la otra punta del país. Hace dos meses los cuatro se mudaron a Placín, en Manzaneda. «Alquilamos una casa con una pequeña nave que hace años fue una carpintería metálica en la que pude montar mi taller», explica Ricardo. Comenzó entonces el proceso para hacerse con las máquinas y poder reiniciar la actividad.
En España también hay tradición de cuchillería artesanal, así que ha encontrado su hueco. Eso sí, aquí la demanda va hacia piezas más pequeñas. «Sobre todo para cazadores o coleccionistas», explica. En lo relativo a la cocina, explica que en España los profesionales se decantan más por piezas fabricadas en serie. Ricardo está feliz y la respuesta a sus productos está siendo muy buena. «Hay muchas ferias de cuchillería en España y Portugal, y mucha cultura de forja artesanal», resume.
Ricardo trabaja en una pequeña aldea de Manzaneda, pero las redes sociales le permiten abrir una ventana al mundo. Ya lo hacía en Venezuela con mucho éxito y esa comunidad que creó en su país natal ha ido creciendo con el traslado a España. Y mucho. Suma unos 440.000 seguidos en Tik Tok, casi 100.000 en Instagram, 170.000 en Facebook y acaba de llegar a Youtube, donde le siguen alrededor de 66.000 personas. «Me gusta difundir el oficio», señala. Y a sus seguidores que lo haga.