O Carballiño se echa a la calle para recuperar el tiempo perdido durante el encierro

La reapertura de la hostelería dinamizó la villa y animó la jornada otoñal


ourense / la voz

«Isto xa che é outra cousa. É que o de antes era unha tristeza». La sensación de los carballiñeses se resume perfectamente en una frase rápida, pronunciada por una vecina en el escaso espacio que la separa de la cafetería que abandona para ir al comercio situado frente a la misma.

El trayecto recorrido no fue precisamente un camino de rosas: la Xunta puso en la diana a O Carballiño al señalarlo por la elevada tasa de contagios, luego vinieron las restricciones -que se fueron endureciendo conforme avanzaron las semanas, pasando de las condiciones del cierre perimetral a echar la persiana a la hostelería- y después el reconocimiento público por boca del presidente autonómico. Del pico de los 188 contagios se pasó a los 23 del viernes, cuando se anunció el pase al nivel 2. Dicho así quizás no suene a nada, pero el dígito tiene premio: la hostelería volvió a la actividad y las terrazas florecieron por todos los espacios públicos. En algunos casos con una ostensible suma de efectivos a mayores y una ocupación de espacio que más parece un desembarco que un uso razonable de la ordenanza municipal.

Había ganas -muchas y largamente contenidas- de recuperar la normalidad. Y la soleada mañana otoñal dio rienda suelta a los carballiñeses. Los más pequeños recuperaron las plazas y las calles peatonales del centro de la villa -el parque infantil de la Alameda sigue clausurado por ahora-, los mayores impusieron su ley en los bancos de la Praza Maior y en otros espacios estratégicos donde disfrutar del sol del mediodía es de cumplimiento obligado, los encuentros con los amigos en las terrazas -sin superar el máximo permitido- fueron lo más deseado y disfrutado y O Carballiño volvió a su vida cotidiana con una jornada con una valoración unánime: más que un sábado otoñal parecía un día de feria o de fiesta en la villa.

Recuperar lo que se pueda

La hostelería, el sector más castigado, afronta ahora el camino de la recuperación. «A xente está moi animada e hai un bo día de sol, co cal tamén suma. A recuperación xa veremos como é. O que perdemos xa non se recupera e veremos agora como vai a cousa. Temos que saír desta situación e tirar para adiante. E agardemos que sexa con sentido común e tendo claro o que nos xogamos, porque se nos volven pechar é o final para todos», señala Carlos Domínguez desde la cafetería Hawaii.

También Juan Mejuto (O Peñasco) reconocía las ganas de reencontrarse: «Foi como un sábado de hai un mes, pero con máis xente. Había gañas de poder tomar un café sentado nunha terraza, e non por aí escondido».

Desde la mercería La Moderna su propietaria, Montse Gómez, espera que la situación se recupere progresivamente. «O lóxico é que agora se normalice todo. A xente dos pobos xa pode vir a O Carballiño a mercar e pouco a pouco iremos volvendo ao de antes».

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