Un hombre en un bancal


Sentí pesar por la muerte, en febrero pasado, del director, guionista y productor de cine José Luis Cuerda. Albaceteño de nacimiento, destacó por películas como El bosque animado, La lengua de las mariposas -adaptación de un relato de Manuel Rivas- y la denominada trilogía surrealista, en la que sobresale la genial Amanece que no es poco. Cuerda fue además productor de películas de Alejandro Amenábar como TesisAbre los ojos y Los otros.

El director aprovechó su estancia en Galicia, durante el rodaje de La lengua de las mariposas, para enamorarse de nuestra tierra, haciéndose bodeguero y convirtiendo Leiro (Ourense) en el refugio al que acudía con frecuencia y en el que disfrutaba con sus amigos. Allí, con seis hectáreas de viñedos, consiguió colocar sus vinos blancos al más alto nivel.

Pero si por algo era conocido por las jóvenes generaciones fue por su obra Amanece que no es poco. En su momento fue vista por trescientos mil espectadores y su recaudación de taquilla fue un desastre. Hoy los denominados amanecistas, seguidores de la película, son más numerosos que los espectadores del filme y celebran anualmente una quedada de fin de semana en los magníficos pueblos donde se rodó el largometraje, en la sierra albaceteña de Segura.

La película, con extraordinario reparto, cuenta la visita de Teodoro, un ingeniero español que es profesor en la Universidad de Oklahoma, a España para disfrutar de un año sabático. Al llegar, se entera de que su padre ha matado a su madre y, para compensarlo, le ha comprado una moto con sidecar para viajar juntos. Así es como llegan a un remoto pueblo de montaña que parece desierto, en el que todos los vecinos están en la iglesia, porque la misa es un auténtico espectáculo.

Hay frases extraordinarias, como cuando los feligreses durante la misa imploran «dadnos, santos del cielo, una visión global bastante aproximada» o cuando la novia de Ngé, el negro del pueblo, trata de ajustarse a la corrección política en el lenguaje diciéndole: «Eres minoría étnica». Y él responde: «Bueno, minoría étnica y negro como un tizón». 

También las secuencias. En una de ellas, la cabeza de un hombre acaba de brotar en un bancal. Su mirada se cruza con la de dos labradores que intercambian un gesto de preocupación. A lo lejos vemos aproximarse a Elena, quien, al ver en sus tierras a los dos campesinos, les grita: «¿Qué pasa?». «¡Que te ha salido un hombre en medio del bancal!», le responde uno de ellos. La muchacha se acerca: «Pues ya sabes lo que tienes que hacer -le dicen-, arrancarlo y trasplantarlo. Se te puede morir en el cambio, pero si no, estás perdida. ¡Tú no sabes lo que chupa un hombre…! Te deja la tierra seca».

He leído que la película es racista y machista, siempre hay un tonto de guardia. Creo que es la obra de un genio que ya ha pasado a la historia, de un hombre lúcido y de un magnifico director. Todos los días, cuando amanece, muchos seguidores de su obra le recordamos, y yo le imagino plantado en el bancal.

Por Javier Guitián Catedrático de Botánica de la USC

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