El pintor de la aristocracia

MARÍA CONDE PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

Joaquín Vaamonde, a quien el Museo dedica una exposición, retrató la alta sociedad española del siglo XIX Joaquín Vaamonde (1871-1900) obtuvo en su época el reconocimiento artístico como retratista de la alta aristocracia. Bajo el mecenazgo de Emilia Pardo Bazán, el pintor coruñés consiguió un éxito fulgurante que le llevó a trabajar para las casas de Alba y Medinaceli. Pero su repentina muerte a los 29 años truncó esta prolífica carrera, dejando su figura casi en el olvido. Tanto, que la exposición que abrió ayer el Museo Provincial es la primera antológica que se le dedica en un siglo. Organizada por la Fundación Barrié, se pudo ver por vez primera en A Coruña el pasado año y Pontevedra será su última sede.

18 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El comisario de esta exposición es el director del Museo Provincial, Carlos Valle, quien destaca el papel que en la carrera de Vaamonde tuvo la escritora Emilia Pardo Bazán. «Al volver de la emigración en Buenos Aires -explica- Pardo Bazán le llama para que le haga un retrato y queda entusiasmada. Al volver a Madrid después de su veraneo se convierte en su promotora». Una vez que el artista se traslada también a la capital, se convierte en el gran pintor de la aristocracia y las clases altas de Madrid, al parecer, a su pesar. «En sus cartas -comenta Valle Pérez- él dice que estaba produciendo casi como quien hace churros y que no era esa su vocación, lo que pasa es que le permitía vivir bien y la mejor prueba es que realizó varios viajes de formación por Inglaterra, Países Bajos, París. Para 1899 había programado abandonar su estudio en Madrid para marcharse a París, pero no pudo hacerlo por su enfermedad». Entre las obras expuestas ahora en el Museo figuran algunas cedidas por la casa de Alba, como es un retrato de María del Rosario Falcó y Osorio, abuela de la actual duquesa de Alba, y también de la casa de Medinaceli. Pero la principal clienta del pintor fue sin duda Emilia Pardo Bazán. La muestra recoge múltiples retratos a la familia de la escritora, entre ellos los de su madre, sus hijas y su marido, Fernando Quiroga. «Sobre todo, en los retratos de los últimos años al pastel, se ve su dominio de la técnica», comenta el director del Museo. Los fondos expuestos proceden de instituciones y particulares, aunque mayormente de la Real Academia Galega, del legado de Pardo Bazán. Sin embargo, todavía queda obra de Vaamonde sin localizar. El propio Valle viajó a Buenos Aires para buscar fondos de su primera etapa, aunque sin éxito. «Conseguí mucha información -señala-, sobre todo de prensa y revistas en las que era ilustrador habitual. La obra tiene que existir, pero a veces pasa que la gente no repara en que el retrato que tiene en una sala es de este pintor. Quizá a partir de esta muestra vaya apareciendo».