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Miles de ciudadanos desafiaron al frío y arroparon al loro en el desfile que cerró el entroido El luto por el símbolo del carnaval dio paso a una última y larga velada de fiesta
27 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?a botica de la Peregrina se hizo eco desde primeras horas de la mañana de la luctuosa noticia de la muerte del loro Ravachol, símbolo del entroido pontevedrés. Junto al libro de firmas instalado en la farmacia de don Perfecto Feijoo, la concurrencia empezó a hacer cábalas sobre la causa del fallecimiento del animal: que si un empacho de lacón, cacheira, filloas y vino tinto, que si esta ola de frío a la que por supuesto no estaba acostumbrado en su lugar de origen, Brasil... «Non o resistiu». En fin, un cóctel mortal para el príncipe Ravachol Felipe I de Lérez, quien no pudo cumplir en vida su deseo de casarse con su novia, la papagaya Letizia. Velatorio En el Ayuntamiento pontevedrés se instaló también por la mañana una capilla ardiente en honor del finado. Los funcionarios, vestidos de riguroso luto, colocaron una esquela en la que su prometida, la corporación municipal y los trabajadores del Ayuntamiento rogaban a los ciudadanos que tuvieran presente a Ravachol en sus oraciones. Precisamente, el velatorio se instaló en la sala de Xestión y la dedicatoria de la esquela venía firmada por «la familia tributaria». Pero sin duda las mayores muestras de desolación se evidenciaron en el velatorio que tuvo lugar por la tarde, en las instalaciones de la Casa da Luz, en la praza da Verdura. Allí, desde primeras horas de la tarde, miles de viudas y elegantes caballeros acudieron a dar su último adiós al loro de don Perfecto. Y, entre lágrimas, lamentos y sollozos en honor de «Ravacholiño», los ciudadanos despidieron también el entroido. Eso sí, como el loro hubiera querido. El dolor del entierro dio paso a una última noche de fiesta por todo lo alto. Antes de la quema, un último paseo por la ciudad. Concretamente, por las calles del centro histórico, quizás demasiado estrechas para albergar a la multitud que quiso arropar al principesco Ravachol.