Un negocio para todos

Celia Fernández amil

PONTEVEDRA

Reportaje | Romería de los Milagros de Amil Alrededor de esta tradición religiosa se han ido consolidando formas curiosas y rentables de enriquecimiento que poco tienen que ver con la celebración

13 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Las romerías gallegas parece que han dejado de mantener, o eso parece, el fervor religioso que las caracterizó siempre, durante muchos años. No cabe duda de que todavía muchas personas conservan el fervor religioso, pero también es cierto que cada vez más las romerías son vistas como una buena oportunidad para pasar el día. Con el paso del tiempo, sólo se conservan en la actualidad las escasas costumbres que las dieron a conocer. La picaresca y el afán de ganar un dinerillo extra hacen que proliferen las más curiosas formas de negocio alrededor de estos eventos, que algún día sólo fueron religiosos. Los Milagros de Amil, que se celebraron este fin de semana, fue un buen ejemplo de ello. Cuenta el párroco que allá por 1782, un arriero se encomendó a la Virgen para poder encontrar agua cerca de su casa. Una vez conseguido, esto, el hecho se interpretó como algo milagroso. Muchos años han pasado desde entonces. El santuario de la Virgen de los Dolores permanece, se sigue erigiendo en lo alto de la colina, y con él, han ido surgiendo también otros templos, como por ejemplo, los gastronómicos. A la sombra de las cepas Las personas que optaron por acudir a Amil en coche, no lo tuvieron muy difícil a la hora de encontrar estacionamiento. A menos de un kilómetro del santuario comenzaban a observarse ya varias fincas de particulares a modo de improvisados «aparcamentos», en los que dejar el coche mientras uno espera a continuar el camino a pie. Por tres euros, acordado por unanimidad entre los vecinos, los usuarios pudieron contar con una improvisada plaza sobre un cómodo tapiz verde y a la sombra de unas cepas. El más cotizado era el que estaba ubicado justo al lado del santuario. El más codiciado y el de mayor capacidad. Hasta 1.500 vehículos, según rezaba el cartel, podía albergar el recinto. Dilema ¿Y qué se hace una vez llegados al punto señalado? Muchas veces, la duda planea sobre las personas. Hay quienes tienen claro su objetivo y se dirigen al santuario, mientras que otros optan por dar primero una vuelta y realizar algunas compras. Carneiro ó espeto, caldeirada, churrasco, pulpo, queso, los míticos churros, rosquillas... La ración de pulpo, seis euros, la de churrasco, oscilaba en los distintos puestos. Difícil averiguar su coste. El acuerdo de los propietarios de los aparcamientos faltó en los puestos de comida. ¿Quién da más? Bien pensado, podría ser una fiesta gastronómica. Pero la oferta continúa en los puestos de ropa, bolsos, linternas y hasta de cajas de herramientas. Hubo gente capaz de comprarlas. Se pudieron observar unos cuantos caballeros que se hicieron con el preciado botín a un precio de veinte euros. Caso aparte fueron los jilgueros cantarines con sus respectivas jaulas perfectamente decoradas con mútltiples colores o los silbatos atraepájaros. La banda sonora Las misas, que se sucedieron cada media hora, estuvieron también muy concurridas. Lo difícil era seguirlas con claridad, ya que la música de las tómbolas y demás atracciones interferían durante el sermón de Modesto Pena. Según los vecinos, Amil vivió este fin de semana el mayor despliegue de la Guardia Civil de su historia. Puestos que evitaban el embotellamiento de vehículos y la entrada de las personas al santuario. Los miembros de Protección Civil también estuvieron a la altura de las circunstancias para evitar los problemas que normalmente conllevan las aglomeraciones. Oportunidad Las escaleras del santuario fueron el lugar escogido por los mendigos para su peculiar campaña de recaudación. Su picaresca es tal que recorren las romerías y fiestas de la comarca para ver si tienen más suerte que en la ciudad. Y la Virgen de los Milagros, en su santuario, ve impasible cómo pasan los años, cómo cambian las cosas.