Homenaje a la caridad práctica

Marcos Gago Otero
Marcos Gago MARÍN

PONTEVEDRA

Reportaje | Alegría en las comunidades religiosas de la comarca Las Hijas de San Vicente de Paúl en Pontevedra y su entorno celebran la concesión del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia a su congregación

15 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?n colegio con 650 alumnos, un comedor de beneficiencia y una estrecha relación con Cáritas parroquial son los tres ejes fundamentales de acción de la comunidad marinense de Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Sirven de ejemplo de una orden que este año ha sido galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. En Marín, sor María Antonia Merchán, la superiora de esta congregación en la villa, se muestra muy satisfecha con el reconocimiento a nivel nacional de una actividad que se desarrolla en España y en países de varios continentes. El caso de Marín es el más relevante en el entorno de Pontevedra, al ser una de las comunidades más numerosas -16 hermanas- y de mayor arraigo social. Comparten su alegría las comunidades de Bueu, donde regentan otro colegio; Poio, donde se ocupan de una guardería en Saíñas (San Salvador); y Pontevedra, en donde trabajan entre drogodependientes. El colegio de la Inmaculada está asociado en la mente de muchos vecinos al lugar donde aprendieron sus primeras letras. Hoy en día, ofrece clases de infantil, primaria y ESO. De hecho, la educación está en el origen de la implantación de esta comunidad en la comarca. Llegaron a finales del siglo XIX, en medio de los esfuerzos contrarreformistas con los que se pretendía frenar el ascenso de los protestantes -así lo reconocía el arzobispo en los boletines oficiales de Santiago-. Pero pronto su iniciativa se dedicó a hacer frente a la pobreza, que en barrios como Cantodarea afectaba en aquel entonces a la mayoría de los vecinos, y a dar formación religiosa y educativa a sucesivas generaciones de marinenses. En la actualidad, el colegio de la Inmaculada sigue siendo una de las referencias obligadas en el ámbito de la educación en la villa. Por el centro han pasado 108 religiosas desde su fundación. Valores morales Otro de los objetivos de esta comunidad se encuentra en la ayuda a las personas con escasos recursos económicos. El comedor benéfico, que atiende a más de un centenar de personas, ha aliviado a muchas familias y dado refugio a la creciente población inmigrante de la villa, sin distinción de credos. Sor María Antonia explicó la filosofía actual de la orden: «Sencillamente tenemos el deseo de entregarnos a los demás, y nos esforzamos por dar una continuidad a nuestro trabajo en la medida que podemos, adaptándonos a las nuevas exigencias en la educación y en la sociedad». Convencida de su misión, resaltó: «Nos preocupa llegar a las familias y trabajar en los valores morales». El premio que recibirá la congregación en genérico, ya lo recibió, a nivel local, la comunidad marinense hace muchos años. En 1919, por ejemplo, se homenajeó a las hermanas por el cuidado de los enfermos de la epidemia de gripe. El Concello agasajó también a sor Felisa y a sor Fermina por su prolongada labor docente, y en 1991, coincidiendo con el centenario del colegio, el Liceo Casino dio a la comunidad el título de Marinenses del Año.