EN LA ONDA | O |
19 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El EQUIPO de gobierno de Pontevedra atraviesa una crisis que al parecer es dura, ya que tiene a la piedra como causa. Una crisis que incluso el concejal de Urbanismo bautizó con diversas nominaciones técnicas: del cubo, de los bolardos, de los marmolillos, del hexaedro... O de los Mosquerines, como ya fueron bautizadas las famosas piedras, evocando los emblemáticos Monfortinos. Todo para explicar las desavenencias que tienen nacionalistas y socialistas por los bloques de piedra, cuadrados y con aristas, que abundan en algunas calles y plazas de Pontevedra. El asunto motivó otro debate bizantino de la corporación municipal, que no desmerece aquellas gloriosas sesiones sobre las Catalpas (leasen antiguos árboles de la plaza de la Verdura). Sin embargo, las piedrecitas en cuestión abrieron un nuevo distanciamiento en el gobierno local y provocaron una extraña filigrana del PSOE, difícil de explicar a ras de calle. Resulta que los socialistas apoyan la tesis del PP al criticar la reforma de Concepción Arenal, pero no votan contra el BNG «por lealtad»; eso sí, después de reconocer que los nacionalistas han incumplido el acuerdo de gobierno al llenar de piedras calles y plazas. La postura socialista ya encontró críticas en algunos militantes que acusan al grupo municipal de entregarse totalmente al BNG. Los concejales no lo ven así y dicen conformarse de momento con hacer sudar a Mosquera y a Fernández Lores, quien por cierto tuvo sus más y sus menos con Teresa Casal antes del pleno. Lo que también es cierto es que el PP tampoco supo sacar demasiado partido del asunto, más allá de llamar «cobardes a los del PSOE». Da la sensación de que Teresa Pedrosa aún sigue descentrada con la incertidumbre de su futuro político. Y todo por los Mosquerines.