Análisis | Las últimas visitas institucionales Lores fue el primer alcalde de Pontevedra que recibía en años al titular de la Xunta, pero entre la alfombra roja de Fraga y la de Touriño parece que el tiempo se paró
10 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«?i banda de música, ni gaiteiros, ni himno galego. Pancartas, cánticos, bocinas, repique de campanas y caceroladas para llamar la atención del presidente de la Xunta». Así arrancaba la crónica de la primera visita institucional que en muchos años realizaba a Pontevedra el entonces presidente de la Xunta Manuel Fraga. Corría el mes de mayo del año 2001 y el alcalde, el nacionalista Miguel Anxo Fernández Lores, logró lo que hasta entonces no habían conseguido sus homólogos del PP: tender la alfombra roja a un presidente gallego. Cinco años después, la plaza de España fue testigo de una escena similar. «Llegó a la ciudad entre protestas vecinales y laborales. El coche oficial de Emilio Pérez Touriño tuvo que sortear las pancartas de (...)». Los conflictos no eran los mismos, pero algunas de las reivindicaciones vecinalales y las del alcalde Lores eran tan parecidas que parece que el tiempo se hubiera parado. Si en mayo del 2001 los que clamaban justicia era los vecinos de Os Praceres, para evitar el paso por su parroquia del tren al puerto de Marín, que se ejecutó con parte de las compensaciones comprometidas para la zona, en mayo del 2006 las voces salían de las gargantas de los vecinos del litoral de Marín, que reclaman una solución legal para sus viejas viviendas. En materia laboral, los funcionarios del Concello de Pontevedra han sustituido a los entonces huelguistas de Transportes La Unión, para los que el alcalde llegó a pedir a Manuel Fraga que interviniera para resolver los conflictos de la calle, sin que ahora él se avenga a mediar ante la falta de diálogo entre las centrales y el concejal responsable de la negociación. La lentitud del traslado de Tafisa era por entonces una de las constantes reivindicaciones del gobierno local pontevedrés. Ese traslado se tradujo en una importante merma de la plantilla de la antigua fábrica que continuó su actividad en el vecino municipio de Ponte Caldelas en una nave cuya producción es sensiblemente menor. Paradójicamente, esa lentitud se contagió al desarrollo urbanístico de la parcela en la que, tras varias opciones y controvertidos proyectos, aún sigue en pie la vieja factoría. Si bien ahora no está entre los asuntos centrales de la agenda de Touriño acelerar el informe urbanístico en manos de la Xunta, el presidente socialista sí comprometió por escrito una solución para otro clásico: Ence. Si Fraga no sólo hizo oídos sordos a la reivindicación del alcalde para propiciar el traslado de la pastera, sino que se empeñó en cerrar el ciclo productivo a orillas de la ría de Pontevedra -un proyecto que curiosamente acabó frustrando la iniciativa privada-, Touriño dilata una respuesta que ahora no llegará antes de quince meses. Del AVE, de las autovías, del hospital único (...) quizás se vean avances en la segunda visita de Touriño. Fraga sólo dejó pasar ocho meses para regresar a Pontevedra, pero poco avanzó en el saneamiento integral de la ría, un tema que la APDR trasladó a las autoridades comunitarias, que deberán pronunciarse.