Alberto Fortes recrea el movimiento pontevedrés para evitar el derribo total de la iglesia de Santo Domingo
06 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Una pintura del alemán Caspar David Friedrich que recuerda mucho a las Ruinas de Santo Domingo es la portada del nuevo libro de Alberto Fortes, Crónicas de San Domingos, una novela mitad histórica mitad fantástica que pretende acercar a los pontevedreses a un capítulo concreto de su historia: el movimiento intelectual que hubo a finales del siglo XIX para evitar la demolición de la cabecera de las Ruinas, que hoy constituye uno de los monumentos más visitados de la ciudad.
El trabajo de Fortes está ambientado en 1889. En ese año, la corporación tiene ya decidida la demolición de lo que queda de Santo Domingo, hasta tal punto de que ha incluido una partida en los presupuestos en la que figura la recaudación por la venta de los solares de la zona. Sin embargo, un movimiento ciudadano, encabezado por la Sociedad Arqueológica de Casto Sampedro y los miembros de la tertulia de Jesús Muruais consigue, a través de las influencias políticas pontevedresas en Madrid, que una Real Orden del Ministerio de Hacienda pare todo el proceso.
Quienes primero se dirigirán al lector en esta obra son los propios muertos que están enterrados en las tumbas de las Ruinas. «En la primera parte del libro -explica su autor- se juega un poco con los acontecimientos y las personas que están enterradas en la iglesia, entre las que las más destacadas son miembros de dos familias pontevedresas, los Montenegro. Está narrada en clave fantástica y los personajes están ahí viviendo como en un purgatorio. Ellos piensan que es porque los frailes mendicantes no han cumplido las mandas para que se rezara por su alma y que ellos habían pagado generosamente. Se imaginan que es la razón por la que no salen de ahí».
Entre ellos destaca uno, Paio Gómez de Soutomaior, que en su juventud viajó a Samarcanda como embajador de Enrique III ante el Gran Tamerlán, de donde se trajo dos princesas, una de ellas húngara, a la que había arrebatado la doncellez en la famosa Fontana de Xódar.
La segunda parte del libro es la que refleja el ambiente vivido en 1889 en Pontevedra con motivo de esta batalla cultural. Además de Casto Sampedro o Muruáis, en la obra aparecen como personajes Valle-Inclán, Torcuato Ulloa o los tertulianos de la botica de la Peregrina, incluyendo también al loro Ravachol, en el que precisamente se encarna Gómez de Soutomaior.
Este es precisamente el paso que sirve a Alberto Fortes para «relacionar el mundo de los muertos con el de los vivos» en la tercera parte de Crónicas de San Domingos. «En esta última parte -añade el escritor pontevedrés- confluyen personajes del siglo XIX y de la Edad Media. No se sabe cuáles son los verdaderos personajes, todo se confunde».
En el caso de Ravachol, a quien ya dedicó un anterior libro, Fortes subraya que la historia del loro en esta obra se escindió de su otro trabajo: «Surge por separado, es una historia aparte». Otro de los personajes enterrado en las Ruinas, Tristán de Montenegro, también había aparecido en otra pequeña novela de Fortes, Tristemil.
El autor destaca que su nuevo trabajo «es una historia real contada en clave fantástica, sobre todo en la primera parte, en la que también hay un humor que creo que es muy tierno».