La institución homenajea a las empresas que han impulsado la efervescencia científica de los tres campus, volcados en la transferencia de hallazgos al tejido económico gallego
21 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La Universidad está viva. Es joven y quiere más. Arde. Crece. Tiene prisa. «Bule» y vuelve a ?«bulir», como subrayaba ayer en gallego el rector, Alberto Gago, en un acto con el que el Consello Económico y Social de la Universidad quiso homenajear a las empresas que más han confiado en las posibilidades de una institución volcada en la transferencia de hallazgos y conocimientos a las empresas. Lo ha hecho tanto y tan bien que ayer eran 500 las firmas representadas en el campus.
Cuando la institución nació eso era impensable. Lo apuntaba también el rector: «Era unha institución pechada, xerarquizada e allea a sociedade, pero transformouse nunha institución integrada, aberta, un bulebule de proxectos compartidos e con capacidade para dar respostas ás demandas que se lle formulan».
Aunque no todo es comunión y sintonía entre la Universidad y las empresas. Lo recordaba el presidente del Consello Económico y Social, Emilio Atrio, que tras ensalzar el papel fundamental de la Universidad en «la renovación de ideas y la generación de conocimiento», advertía que aún son precisos instituciones-puente como el que preside, encargados de «iluminar los espacios oscuros» en la relación entre las empresas y el mundo académico.
Investigación sí, pero útil
Y algo de eso mismo había en el discurso de una apasionada defensora de la universidad, la presidenta de Banesto, Ana Patricia Botín, que recordaba la dependencia mutua que tienen los campus y las empresas. «Las empresas captan conocimiento y talentos en la universidad, mientras la universidad logra fuentes de financiación y socios estratégicos». Recordaba, eso sí, que la relación requiere esfuerzos por ambas partes: «La universidad es un buen socio para la empresa. Pero mal podrá contribuir si la investigación que se hace carece de realismo y de compromiso social. Se trata de que la investigación, por sofisticada que sea, acabe revirtiendo en la sociedad».
Y eso no siempre ocurre. Ni siquiera en universidades tan concienciadas con esa idea como la de Vigo. Quizá por ello la relación aún no es todo lo fluida que debiera. Quizá por ello los empresarios aún se pierden cuando tienen que acudir al campus (como Fontenla, el presidente del empresariado gallego, que acabó en la Florida mientras buscaba el Cuvi). Quizá la Universidad tenga aún mucho que hacer para adaptarse a la urgencia que persigue siempre a las empresas. Pero está viva. Aún es joven. Y «bule».