Miles de personas disfrutaron en la calle del mágico y satírico desfile de comparsas, disfraces y fachas, parodiando los temas más candentes de la actualidad
22 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Pontevedra volvió a demostrar una vez más que no hay quien la pare, ni siquiera la crisis, cuando se trata de disfrazarse y vivir a lo grande el entroido en la calle. Y eso que su personaje más representativo, Ravachol, todavía no irrumpió en el ambiente festivo. Ayer se escuchaban comentarios al respecto, en el sentido de que el loro de don Perfecto debería participar activamente desde el principio, con su atuendo carnavalero, en el magno desfile. «¿No muere todos los años de los excesos del carnaval?, pues que se note; el lunes llegará tarde, cuando los pontevedreses ya hayamos pasamos la primera resaca», decía un espontáneo.
Eran las cinco de la tarde, los participantes apuraban su inscripción en la avenida de José Malvar y a las seis se iniciaba el desfile, después de que las comparsas y los grandes grupos sobre camiones, góndolas o plataformas tomaran posiciones. Este año hubo itinerario nuevo y había que asegurarse de que los vehículos no excedieran el ancho de giro de las calles por las que discurrirían.
Miles de personas participaron y presenciaron el paso del carnaval, desde Loureiro Crespo hasta la estación de tren. Y la calle más concurrida fue, como era de esperar, la avenida de Eduardo Pondal, la más amplia y larga del itinerario.
Como también suele ser habitual, el desfile resultó por momentos algo lento. Las comparsas aportaron la música y el baile, mientras los disfraces y las fachas parodiaron con descaro los temas de la actualidad.
No faltaron las alusiones a los políticos y Anxo Quintana puso cara al Burger King. Se aportaron las soluciones más ingeniosas contra la crisis, unas futuristas, sacadas de los inventos del TBO, y otras volviendo cien años atrás a la Galicia más enxebre.
El pilla bici fue muy parodiado y se convirtió en otra solución a la crisis: el butanero, el panadero, el repartidor de periódicos, la pescantina y hasta los bomberos y la policía local se subieron a la bicicleta. Hasta había bici-bus y bici-guardería.
En el desfile destacaron las plataformas de vecinos afectados por proyectos viarios, que hicieron una sátira de las infraestructuras de Pontevedra vistas por Castelao. También llamaron la atención los furtivos del mar o la caravana de mujeres.
Los temas de la prensa rosa tampoco faltaron este año, como la guerra de los Thyssen o la duquesa de Alba en silla de ruedas y con su nuevo novio empujándola.