Estudiar Restauración y comenzar a hacer prácticas en el Museo del Prado debe ser el sueño de cualquier alumno de esta disciplina. Para la pontevedresa Marta Méndez, licenciada en Historia del Arte y diplomada por la Escola de Restauración, además de colaboradora de La Voz, está siendo «una experiencia única, no solo por la calidad y variedad de las distintas colecciones que alberga el museo y que pasan por el taller para ser restauradas con el mayor mimo, sino también por la calidad humana y profesionalidad de los restauradores que allí trabajan, que me han hecho sentir como en casa y me han tratado desde el primer momento maravillosamente bien». Méndez lleva en la pinacoteca madrileña varios meses y ha trabajado en distintas obras, incluso ha podido presenciar el montaje de exposiciones tan destacadas como la de Francis Bacon. En estos momentos, según explica, se encuentra restaurando la obra San Jerónimo, atribuida a Luis Tristán, discípulo de El Greco, y que data de principios del siglo XVII. «Es una obra que en otra restauración fue forrada y que presentaba faltas de soporte original en las que coloqué injertos y que posteriormente estuqué -señala-. Ahora estoy haciendo pruebas muy interesantes con texturas que hasta ahora no había tenido la oportunidad de realizar en otras obras». Y es que asegura que uno de los aspectos en los que está aprendiendo más es en lo que se refiere a materiales, tratamientos y modos de actuación. «Es interesante -afirma Méndez- ver cómo los métodos difieren en ocasiones respecto a Galicia, por ejemplo en el uso de ciertos materiales tradicionales, cuyo comportamiento y envejecimiento se conocen perfectamente, como es el caso del empleo de la gacha como adhesivo para forrados, colocación de injertos, unión de hilos por el reverso de las obras... y que en el norte, dadas las condiciones climatológicas y sobre todo por la humedad tan alta que tenemos, no es recomendable utilizar para evitar problemas de conservación a posteriori (propagación de bacterias y hongos)». Obras restauradas. Pero dentro de las obras que se están restaurando en estos momentos en El Prado, Marta reconoce que la que está causando más expectación es la de Eva, de Durero, y subraya que hace unos días que visitaron el taller los Príncipes de Asturias en compañía del presidente alemán Horst Köhler y su esposa. «También están siendo intervenidos en este momento lienzos de Sorolla, de cara a la próxima exposición que se realizará en el museo, El carro de heno, de El Bosco, una tabla de Pedro Machuca, y también obras de Rubens, Goya, sin contar la reciente restauración de la Inmaculada Soult de Murillo», apunta.
Otro de los aspectos que más le ha impactado es lo a la última «tecnológicamente hablando» que está el museo. «Es una gozada -subraya la restauradora- poder ver día a día el trabajo de especialistas en muchos ámbitos (dada la multidisciplinaridad que conlleva el mundo de la restauración). Los tratamientos de restauración de las obras se respaldan con estudios fotográficos y de documentación completísimos, además de análisis de todo tipo, ya sea microscopía óptica, espectometría de masas, espectroscopía infrarroja, microscopía electrónica de barrido, cromatografía de gases, microanálisis, con el fin de identificar pigmentos, aglutinantes o resinas». Y también destaca las instalaciones de los talleres de restauración del museo tras la ampliación de Moneo. «El taller de pintura es muy diáfano, con mucha luz y muy bien equipado -afirma-. Pero por otro lado es una maravilla girar la cabeza mientras trabajas y encontrarte rodeada de obras emblemáticas que he tenido la oportunidad de estudiar en tantas ocasiones».
Pronto dejará El Prado para disfrutar de otro nuevo reto, la beca de formación y especialización en pintura de caballete para trabajar nueve meses en el Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE), una de las más prestigiosas. «Estaré rodeada de un ambiente de especialistas en diferentes disciplinas que sin duda me aportarán multitud de perspectivas nuevas». Seguro.