«A todos nos gustaría ser Inditex, pero cada uno crea empresas a su medida»

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Este empresario pontevedrés explota seis franquicias en la capital y en otras ciudades gallegas y colabora en la expansión de otros grandes grupos de distribución comercial

02 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Elena Larriba Fuera de su círculo es casi un desconocido. La discreción, hasta rozar el anonimato, forma parte de su personalidad. Sindo Cachafeiro empezó comercializando tampones y otros productos farmacosméticos y se labró con esfuerzo y tesón una trayectoria y una cultura empresarial sorprendente, unida a grandes firmas como L´Oreal, ROC, Massimo Dutti o Mango. Es algo así como el rey de las franquicias en moda y complementos para la mujer, con seis marcas diferentes en Pontevedra y en otras ciudades de Galicia. Además de Mango, tiene en esta Comunidad la explotación de Intimissimi, Benetton, Calzedonia, Swarosky y Aïta. Pero su actividad empresarial es mucho más diversa y alcanza a otros sectores que van desde la inversión inmobiliaria hasta la asesoría de márketing comercial o la distribución farmacéutica. Dado que para este empresario pontevedrés «la sintonía en los negocios es vital para el desarrollo de los mismos», siempre participa con gente de su confianza. Sus empresas dan trabajo directo a más de cien personas, un 90% son empleados fijos y para muchos de ellos es su primer trabajo. Sindo Cachafeiro considera que «los trabajadores son el alma de la empresa y para ello tienen que sentirse partícipes de los proyectos, tener una buena cultura de empresa y un impecable servicio al cliente». Nació de Forcarey y vive en Pontevedra, donde está la sede de todas sus empresas. Es hijo único. Su padre emigró a Venezuela cuando su madre estaba embarazada y no llegó a conocerlo. «Falleció allá cuando yo tenía nueve años», explica. Por mediación del cura y el maestro de su pueblo estudió el Bachillerato en el Seminario de Santiago, donde coincidió con el profesor, escritor y ex-político, José Luis Barreiro Rivas, y con sus hermanos, como él de Terra de Montes. Vino a hacer COU a Pontevedra y luego se fue a Madrid a estudiar y trabajar, con el objetivo de que su madre y sus abuelos, con los que se crió, pudieran jubilarse y descansar. En la capital de España conoció a un profesor que le daba clases en un academia y que trabajaba para L' Oreal. «Me dijo que estaban buscando a un representante para el lanzamiento al mercado de un producto novedoso». Se trataba de los tampones Amira, la competencia de Tampax. Aquel profesor le puso en contacto con un francés, Francisco Lamy, que luego terminó siendo un alto ejecutivo de L' Oreal en España. «En L' Oreal formé parte de un equipo joven y dinámico, donde me enseñaron que el trabajo en grupo, el conocimiento del producto y el esfuerzo diario son las claves del éxito». Poco después, a los 21 años, se le presentó la oportunidad de participar en el lanzamiento de una de las más importantes marcas de cosmética dermatológica, la archiconocida ROC. «Esta empresa, que consiguió ser líder en el sector, estaba formada por un plantel donde los valores humanos y el compañerismo eran su eje fundamental». En este ambiente se fue formando este empresario pontevedrés. En Galicia trabajó con esa marca francesa primero como delegado y luego como director para la zona del norte y centro de España hasta 1983, año en el que lo destinan a Barcelona para dirigir allí la compañía. Así empezó su etapa catalana, que duraría hasta el 2003. Etapa catalana En la ciudad condal hizo varios másteres de empresa en el IES y ESADE, compaginándolo con un apretado horario laboral. Aprendió la psicología de los negocios y se dio cuenta, entre otras cosas, de que «el que empieza más temprano y con más dedicación a trabajar tiene más oportunidades». Resalta que «estar en Barcelona era estar en la cabecera de Europa, a una hora de todas las grandes ciudades europeas: París, Bruselas, Milán, etc.. Desde allí tenía acceso a todas las grandes compañías y a la tecnología punta». Barcelona también le enseñó que «el que quiere esforzarse crea empresas en Galicia, en Extremadura, en Cataluña, en el País Vasco o donde sea; las oportunidades están ahí y hay que creer en ellas y arriesgarse». En Cataluña hay grandes empresarios gallegos, «que también lo serían viviendo en Galicia», dice. Piensa que hoy, «en una sociedad globalizada donde la competencia es mayor no solo para las empresas, sino también para los trabajadores, tenemos que mentalizarnos de que el éxito laboral y personal se puede encontrar en cualquier lugar del mundo -en eso los gallegos somos pioneros- y tenemos que formar a nuestros hijos en la cultura universal ( inglés, castelano, chino... ) sin perder nunca nuestras raíces ( gallego, catalán euskera...), así como en el respeto y la igualdad de hombres y mujeres, razas y religiones». Defiende que «cada uno tiene que hacer su empresa a su medida y que todas tienen su valor diferencial, aunque a cualquiera nos gustaría ser Inditex». Para Sindo Cachafeiro, «humildad, honestidad, esfuerzo, sacrificio, dedicación y formación» son el secreto del éxito. Y además, «saber rodearse de equipos, involucrarlos y hacerlos partícipes de los proyectos».