Distintas formas de lenguaje

María Conde maria.conde@lavoz.es

PONTEVEDRA

07 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Tacho González es sin duda uno de los rostros más conocidos de escena gallega y de la televisión autonómica. Pero quizás muchos no sepan que comenzó a trabajar en el ente en el año 1988 como actor de doblaje, una faceta en la que continúa activo y de la que habló ayer a los alumnos de Ciencias Sociais. Entre otros actores, ha doblado al gallego a Al Pacino, John Malkovich, Kevin Kline, Gene Hackman o Steve Martin, pasando por David Prowse, el temible Darth Vader de La Guerra de las Galaxias. Pero él se queda especialmente con dos, por un lado Peter Falk, el inolvidable Colombo, -«fíxome moita ilusión, o que pasa que aos mais novos non lles dirá nada»-, y por otro, James Stewart, «co que disfruto moitísimo porque penso que ademáis fago unha cousa máis parecida ao orixinal». «A dobraxe é para mín unn traballo tan digno como o de actor, quizáis o entendo máis anónimo, e penso que así debe ser incluso. Non me gusta que digan, mira esa é a voz de Tacho, prefiro que non saiban de quen é a voz, eso é que está ben feito o traballo». Normalización del gallego en la televisión. González fue uno de los ponentes del taller Dobraxe e Lingua nas aulas, una iniciativa del Consorcio Audiovisual en colaboración con Apradoga (Asociación de Profesionais da Rama Artística de Dobraxe de Galicia) y la Universidad de Vigo, para acercar a los estudiantes este campo profesional «pero como elemento de normalización da lingua galega». «Abordamos a importancia que ten a dobraxe na televisión como case un laboratorio para o uso da lingua, e a posibilidade de que un axente do FBI ou un astronauta podan falar en galego», señaló el actor. En la charla a los universitarios, González habló de la evolución del doblaje en la TVG, que pasó, según dice, «de ser un invento novo que nos trouxeron e que había que intentar facelo como o facían en Madrid e no que determinadas cuestións léxicas soaban raro e chocante, á mellorar, sobre todo cos controis de calidade lingüística da TVG». «Fomos mellorando todos sobre todo na interpretación -añade el actor- Era algo novo, e aínda que tiñamos experiencia como actores, non é exactamente o mesmo. Aquí estás más limitado en canto tes que respectar ao personaxe e os movementos do actor que fixo o traballo. Tes que intentar que o traballo resulte críble». El intérprete está a punto de comenzar a rodar la nueva temporada de la exitosa serie televisiva Padre Casares, producida por Voz Audiovisual, y de la que asegura que no puede avanzar nada «porque aínda estou esperando os guións». Pero espera que a su personaje, Sindo, no le den muchas sorpresas: «Espero que siga igual, poco traballador como é agora, teño moita sorte con él respecto ao esforzo, non teño que facer moito; manda a muller na casa, coma na vida real». «Creo que Padre Casares ten éxito -explica el intérprete- porque é unha serie próxima, que reflexa, aínda que con caracteres esaxerados, a todo o mundo, e hai xente que pode identificar a moitos personaxes». Exposición sobre la utilidad del braille. Y del lenguaje audiovisual a otro táctil que supuso un auténtico avance histórico. Louis Braille fue el inventor de un sistema de lectoescritura que sacó a los ciegos de la prehistoria en la que se encontraban en pleno siglo XIX. Su sistema, basado en la combinación de seis puntos de relieve, permite 63 combinaciones diferentes tanto de letras del alfabeto como de números y signos de puntuación. Hasta mañana, la sede de la ONCE en Pontevedra (ubicada en la calle Augusto González Besada) ofrece una exposición de los distintos recursos educativos y materiales relacionados con el braille, con motivo del bicentenario del nacimiento del inventor. Entre otros objetos, la muestra exhibe punzones antiguos, máquinas de escritura, mapas, libros, el alfabrá (un tablero para el aprendizaje de este lenguaje) y también el muñeco infantil Braillín, uno de los artículos de la ONCE que mayor aceptación tiene entre los más pequeños desde su lanzamiento hace cinco años. Está dirigido a niños de tres a diez años, sean ciegos o no, y pretende fomentar la integración social a través del juego.