Treinta y seis años de servicio, como él dice, «pensando en los ciudadanos», son los que pasó Francisco Lage en el cuerpo de bomberos. Y ayer los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad, autoridades municipales y los muchos amigos que hizo durante su carrera profesional quisieron darle el merecido reconocimiento al ya ex jefe de bomberos con un homenaje que tuvo lugar en la finca Batacos de Salcedo. Compañeros del cuerpo procedentes de Santiago, A Coruña y Ourense, incluso algunos de Madrid, policías, guardias civiles, representantes institucionales, concejales y ex concejales, y dos de los alcaldes con los que trabajó, Javier Cobián y el actual, Miguel Anxo Fernández Lores... Hasta 130 personas. Nadie quiso perderse este acto -que ya le han dicho que no será el último- de la despedida profesional de Lage, porque como dice un amigo suyo, «cuando se le llamaba, él siempre ayudó».
Entre los amigos que quisieron dedicarle unas palabras estuvieron, además del alcalde, el ex comisario Enrique Mora Morandeira, el ex regidor Javier Cobián o el ex teniente de alcalde José Acuña. Y precisamente el de este último fue uno de los discursos más emotivos. Acuña Sastre aseguró que sirvió «a las órdenes» del ex jefe de los bomberos entre 1991 y 1995. «Sí, a sus órdenes, porque Lage es lo suficientemente inteligente para saber llevarte por el camino que más le interesa, el del cuerpo de Bomberos, y que al fin y al cabo no es otro que el de dar un más eficaz y seguro servicio a Pontevedra y su entorno», comentó. Recalcó que «ha sido un honor trabajar a su lado» y que sobre todo, Lage es un amigo. «En los momentos críticos, cuando otros flaquean y abandonan, él siempre está a tu lado, apoyando la causa en que estás comprometido», añadió. Con todas estas palabras, es normal que Lage pasase, como dijo luego, «un momento difícil» al escucharle.
Uno de los regalos que recibió el ex jefe de los bomberos pontevedreses fue una reproducción del santuario de la Peregrina en plata. También le obsequiaron con dos relojes y varias placas conmemorativas. Y algunos compañeros del cuerpo de bomberos se ensañaron -irónicamente hablando- regalándole una camiseta del Barcelona, que lleva por detrás su nombre profesional, Bravo, y el número de sus años de servicio, 36. «Me han salido sarpullidos», comentó después el propio Lage, madridista convencido. En su intervención posterior, no obstante, Lage destacó sobre todo la colaboración de los bomberos durante todos estos años y equiparó la situación a la de un equipo de fútbol, «donde si los jugadores no están con el entrenador... Ellos son lo más importante». «La verdad es que no me esperaba tanto -añdió al término de la celebración-. Pensaba que iba a ser una reunión de treinta o cuarenta personas, y al final hemos sido más de cien. Ha venido gente de Madrid y de otros sitios de Galicia, jefes de bomberos, suboficiales... La verdad es que no me esperaba tanta adhesión y tanta gente, tantas buenas palabras...». Este recuerdo será el mejor regalo.