Vidas en torno a la música

Chelo Lago

PONTEVEDRA

Ambos son socios de la Filarmónica, entidad en cuya directiva estuvo el padre durante 23 años y la hija ocupa hora el cargo de tesorera

11 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Mi vida entera gira alrededor de la música», dice Isabel con rotundidad. Su padre, que tocaba varios instrumentos, le inculcó, como a sus hermanos, «el amor a la música desde que nacimos, puede decirse que estuvo presente en nuestra vida desde la cuna». Socia de la Filarmónica desde el año 1997, ahora está en la directiva, de tesorera. Recuerda que su padre «nos llevaba a todo lo que estaba en su mano, aunque entonces en Pontevedra no había mucha oferta».

Su pasión por la música clásica no le impide reconocer que entre la gente joven «no cuaja» y qie la ven «como un rollo». Ella pretende cambiar esa dinámica con sus alumnos. «Trato de que lo vean como algo bonito y asequible», señala. Y su trabajo tiene sus frutos. «Doy clases a niños de 3 a 12 años, y si tu los preparas, les buscas cosas atractivas, responden. El otro día, sin ir más lejos, tuve clase con niños de 3 años y les puse El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns, y participaron activamente. Les encantó».

Reconoce que en una sesión a la semana como tienen en el colegio, no se pueden «hacer milagros», pero dice que si en casa están acostumbrados a que sus padres les pongan música clásica, a que se hablen del tema o van a un conservatorio, «lo viven de otra manera».

Su padre, José Luis Fernández, comenta al respecto que existe un gran desconocimiento y que los jóvenes «cuando la saborean, claro que les gusta». «Estamos hablando de buena música, de la que permanece en el tiempo, que lleva 400, 300 o 250 años compuesta y que encantó a miles de generaciones de todo el mundo. No se puede decir que esto no te gusta hasta que lo escuches y que te lo expliquen y una vez que lo comprendas, te gustará. Pero si no lo oyes nunca, nunca te gustará».

Fernández Sieira es la memoria viviente de la Sociedad Filarmónica, no en vano escribió un libro con la historia de la entidad en sus 75 primeros años. Además, le dedicó media vida, pues estuvo 23 años en su directiva. «Soy socio desde que tenía 20 años -comenta-, era socio de paraíso, que era una entrada baratita. Pero también fui durante diez años secretario, otros tres, vicepresidente, y otros diez, presidente».

Rubinstein

Reconoce que antes acudía más gente a los conciertos, «porque era lo único que había en la ciudad». Explica que la Filarmónica nació a raíz de un polémico concierto que dio el gran pianista Arthur Rubinstein durante la Primera Guerra Mundial, en el año 1918. «Era polaco y judío y tenía un salvoconducto para dar conciertos por España. Un grupo de pontevedreses contactó con él para que viniera al Principal. Cuando llegó al teatro preguntó dónde estaba el piano, porque el que había era uno vertical propiedad de las Mendoza, el mejor de toda la ciudad. No había ninguno de cola en toda Pontevedra y pensó que se trataba de una broma de mal gusto. Se montó un revuelo con el pianista queriendo irse y los promotores impidiéndoselo hasta que Antonio Taboada Nieto, maestro de capilla, se puso a tocar una sonata de Cesar Frank. Rubinstein reconoció que sonaba muy bien y accedió a dar el concierto».

Y además, explica que en sus memorias, el genial pianista recuerda que la única vez que había tocado un piano vertical «fue en una pequeña ciudad española llamada Pontevedra donde hay gente encantadora y sumamente persuasiva». Tres años después, en 1921, y con el mismo grupo de personas que habían promovido el concierto de Rubinstein, nació la Filarmónica, por cuyos conciertos, que están a punto de llegar a los mil, «pasaron músicos de muchísimo nivel».

Comenta también que en ese año 1921, la entidad compró el primer piano de gran cola, que sigue existiendo en su sede del Principal, y que José Luis Sieira toca de vez en cuando. «Es un piano Philter que costó 3.000 pesetas y hubo que pagar otras mil por el seguro y el transporte, pues vino de Hamburgo. Lo estrenó la mujer de Manuel Quiroga, Marta Leman, que vino a dar un concierto precisamente para sufragarlo».

Explica que se hicieron bonos de 25 pesetas reintegrables para poder comprarlo que luego la Filarmónica devolvía sin interés alguno.