«Revival» de cuento y romanticismo

PONTEVEDRA

Pedro Alonso, poseído por Ravachol, repasa su infancia en la Pontevedra de las maravillas y canta un tema de los Beatles con Lores como traductor simultáneo

13 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«Delirante, absurdo, surrealista...». Las mismas palabras que el actor Pedro Alonso, el Padre Casares, empleó para describir el mundo de la Pontevedra de su infancia, a la que equiparó con lo que debía ser el País de las Maravillas para Alicia, podrían aplicarse al lúdico pregón con el que ayer abrió las fiestas del entroido pontevedrés.

Inspirado en el disfraz que en su último vídeo luce Robbie Williams, Alonso se colocó tras su aparición en el escenario un gorro de conejo, ayudado por su hija, para anunciar que era el transmisor del mensaje del loro Ravachol para esta semana de carnaval. Y ese mensaje no era otro que el de olvidar por unos días los tiempos de crisis «e toda a carga de preocupacións que as veces non podemos deixar de levar enriba».

Para estar a la altura del encargo de Ravachol, el pregonero quiso compartir con los ciudadanos que se acercaron a la praza da Verdura los recuerdos de la ciudad a la que llegó «un día después de nacer», pero en la que solo vivió hasta «a edade da razón», los siete años. Así que recurrió a la citada comparación del mundo de Alicia y a un sueño infantil, en el que volaba junto al loro, para repasar a vista de pájaro los lugares de su niñez. Entre ellos el colegio Sagrado Corazón, donde se puso su primer disfraz, de bombero, o las playas de Mogor y Portocelo... Y extasiado por los recuerdos cumplió lo que venía anunciando desde hace días: en un acto romántico y «ravacholístico libertario» se atrevió a hacer algo que no había hecho nunca y que puede que no repita... ¡Cantar!

Alonso dedicó el tema de los Beatles And I love her a su primer amor, su profesora Chuchi, que le dio clase cuando tenía tres años y que dijo que estaba entre los asistentes, «porque hoxe, Chuchi é para mín a metáfora perfecta do amor que sinto por esta terra e pola súa maxia», a pesar de que reconoció que también fue su primer fracaso sentimental. Al alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores, le encargó que hiciera la traducción simultánea al gallego -con más de un problemilla de vista para leer la chuleta sin gafas, lo que provocó no pocas risas entre el respetable- y al público le encomendó los coros. Más carnaval no es posible.