Llevan al menos quince años siendo espectadoras de excepción de las actuaciones de sus maridos, que forman una de las murgas pontevedresas más conocidas, este año bautizada con el nombre T4. La Terminal. Y durante una de las comidas que celebraban, decidieron que para ellas había llegado el momento de cambiar la butaca por el escenario. Entre los contactos de una y otra enseguida se hicieron con la colaboración de una guitarrista y allá por el mes de noviembre empezaron a preparar las primeras letras y a ensayar las coplas que entonarán bajo la agrupación Enfermeras contagiadas... De alegría. Será mañana cuando las nueve integrantes de la primera murga femenina pontevedresa tengan su puesta de largo en la segunda seminifinal del certamen, que se celebra en el Pazo da Cultura, donde precisamente tendrán como rivales a sus esposos en la búsqueda por un puesto en la final. Pero como dice Déborah Pousa, una de las componentes del grupo, tienen «completamente asimilado» que en este caso llevan todas las de perder. «Es nuestro primer año y ellos llevan mucho tiempo, y las voces de los chicos también siempre tienen más fuerza sobre el escenario, pero estamos ahí que es lo importante», comenta. «La finalidad de todo es pasarlo bien y que podamos repetir», agrega. Además de Déborah Pousa, están en la nueva formación sus compañeras Patricia Acuña, Angie Riesgo, Mar García, Rosi Aguín, Begoña Aguín, Betty Alfonso, Beatriz Esperón y Ana Agís.
Como su propio nombre sugiere, en su actuación de mañana las Enfermeras contagiadas habrá especial referencia a los temas sanitarios, como la polémica del hospital único en Pontevedra, la psicosis mundial venida a menos derivada de la gripe A o «las vacunas que sobran por todos los lados», pero también tocarán algún aspecto de la política nacional y, por supuesto, tienen preparada una copla dedicada a sus maridos, al igual que ellos les reservan uno de sus temas. Entre tres de las componentes han elaborado las letras, pero como dice Déborah, el resto de las Enfermeras también han colaborado en la puesta en escena y la decoración del escenario. Una tarea, como la de los ensayos, en la que no lo han tenido nada fácil por el tema de la conciliación famiuliar. «Ha sido complicado porque todas trabajamos -explica Pousa- y tenemos niños, y también porque los chicos tenían que ensayar y no nos quedaba mucho tiempo. Muchas veces nos juntábamos en mi casa, en el salón, y a veces traíamos a los niños, con lo que fue un poco caótico a la hora de organizarlo, pero a la vez muy divertido. Y nos lo hemos pasado muy bien, pero cuesta un poquito de esfuerzo. A ver si podemos seguir para el año». El esperado estreno. De cara al inminente estreno, asegura que no hay muchos nervios, «porque esto es carnaval». «Supongo que la puesta en escena te impone un poquito, pero como actuamos el miércoles aún tenemos más tiempo para ensayar y además, tenemos la ventaja de que no seremos las primeras en salir al escenario, estamos bien situadas», añade Déborah. Ellas serán además la única murga debutante en esta edición, que hace la número 19, del certamen de murgas, ya que las siete restantes han participado en alguno de los años anteriores en esta cita, una de las de mayor arraigo del carnaval. En la primera eliminatoria, tenían previsto participar ayer por la noche las agrupaciones Ultra Sur, As Máis Plus, Os do Val do Lérez y Equipo Ja. Y mañana, junto a las Enfermeras y los T4, estarán también Amoriños de Bora y Os Garoulos. La final se celebrará el jueves a las 21 horas en el Pazo da Cultura.
Pase lo que pase en la eliminatoria mañana, o el jueves en la final, las dos murgas cenarán juntas después de las actuaciones y harán una rondalla por los locales de la zona monumental, como corresponde. «De momento no nos enfadamos por los premios», añadió la portavoz de la agrupación, que nace por supuesto con vocación de continuidad para los próximos entroidos. ¿Y los niños, a quién prefieren? «Pues los niños están con sus padres, porque algunos saldrán con ellos al escenario, así que no les dejan opción, y las niñas con las madres», ríe Déborah. En todo caso, aquí todo queda en casa.