Recientemente hemos asistido a la representación teatral de A Esmorga, de Eduardo Blanco Amor, una de las perlas de la literatura narrativa gallega, ofrecida dos días consecutivos a cargo de la compañía Sarabela Teatro; actuaciones auspiciadas por Caixanova en su Centro Social pontevedrés.
En el año 2009, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la publicación de dicha novela y del treinta del fallecimiento de su autor, Sarabela Teatro repuso A Esmorga (obra que ya había puesto en escena en 1996), según adaptación teatral realizada por Begoña Muñoz y Carlos Couceiro. Para mayor abundamiento en las coincidencias, la obra fue ofrecida dentro de la consolidada semana dedicada al Día das Letras Galegas.
Blanco Amor fue un escritor y periodista ourensano, un trotamundos que escribió en gallego y castellano, como lo demuestra el hecho de que A Esmorga fue traducida al castellano por el propio autor bajo el título de La parranda, traducción que pierde fuerza y carácter con relación a su texto primigenio.
Contando con la hábil dirección de Ánxeles Cuña Bóveda, nueve actores dan vida a los diversos personajes de la obra, en la que también interviene en directo el músico Vadzim Yukhnevich (acordeón).
Coadyuvan a la calidad de la puesta en escena el destacado montaje de la compañía y la iluminación diseñados por Suso Díaz; amén del vestuario, proyecciones, efectos, máscaras, etc. Como la participación de la música en directo y el coro escénico-vocal. Un conjunto de actividades y participantes que hacen de las propuestas escénicas de Sarabela Teatro una de las compañías de mayor dignidad del panorama galaico.
Tragedia intemporal
Por otro lado y ello es lo importante, la obra es una tragedia intemporal, con visos de estilo griego que nos hizo recordar los otrora montajes teatrales ofrecidos por José Tamayo, en 1960, al frente de la compañía Lope de Vega, con el coro Cantores del Instituto de Pontevedra, celebrados en el Teatro Malvar.
A esmorga nos ofrece un texto vehemente, con aristas rudas, intensas, vibrantes, violentas, crueles; con empleo de palabras procaces, burdas, soeces, blasfemas,? conformando una tragedia ácida, como todas las tragedias.
Todo gira en torno a tres personajes conflictivos que, escapando de la justicia, comenten tropelías por doquier. Cibrán, que vive con A Raxada, una ex-prostituta con la cual tiene un hijo, al salir de casa para ir a trabajar se encuentra con sus amigos homosexuales Bocas y Milhomes que venían de pasar la noche de jarana y llenos de alcohol.
Infernal aquelarre
Ante la insistencia de ambos, se une a los dos libertinos y se van de esmorga, metiéndose en un infernal aquelarre que termina como el rosario de la aurora. Visitan tabernas y prostíbulos, mezclando lujuria y vejaciones. Bocas asume su sexualidad y, por el contrario, Milhomes no la asume.
El alcohol y el libertinaje conducen los acontecimientos a la fatalidad, al drama que acaba en tragedia. Todo ello lleva a Cibrán a declarar ante el juez. Éste no se ve, pero se intuye por las respuestas dadas por Cibrán.
La obra conforma un triángulo: Uno de sus lados son los diversos monólogos de Cibrán ante el juez, un segundo con el desarrollo del nudo interpretativo y el tercero la alternancia coral.
Pese a la sordidez hecha texto, el tratamiento ofrecido aglutina calidad, como las intercalaciones del coro cual tragedia griega actualizada y sobre todo el nivel de calidad de los actores que intervienen.
Sobresalen la singular interpretación de Fernando Dacosta (Cibrán), con un intenso registro dramático, agotador y Suso Díaz (Bocas) y Josito Porto (Milhomes), con el constante deambular de embriaguez de sus personajes.
Interesantes las interpretaciones de Nate Borrajo (A Raxada, coro y Cupatrás), Rosa Álvarez (Tía Esquilacha, coro y Piolla), Elena Seijo (Nonó y coro), Sabela Gago (A Viguesa, la señora de Andrada y coro) y Fina Calleja (A Costilleta, A Socorrito, Niño y coro), conformando el grupo de mujeres.
Finalmente, Tito Asorey (señor de Andrada y coro), completa el reparto. Son dignas de reseñar las interpretaciones al acordeón en directo de Vadzim Yukhnevich y el destacado montaje de Sarabela Teatro.