La madre abrió en el 82 la administración de la calle Don Gonzalo, la número 5 de la ciudad, que desde hace doce años regenta su hijo
14 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.«Hasta que no me toque no te pago». Frases tan surrealistas como esta, supersticiones y otras muchas manías -algunas que rayan en lo paranoico-, cuya lista daría para más de un libro, forman ya parte de la historia de la pequeña administración número 5 de la ciudad, ubicada en la calle Don Gonzalo, conocida como la del Arco.
Abrió en el año 82, uno después de que María Teresa Filgueira, al quedarse viuda con cinco hijos «y una pensión mínima», solicitase la concesión. «De aquella teníamos algo de preferencia las viudas de militares y me animaron, diciéndome que tenía posibilidades», comenta esta hija del polígrafo José Filgueira Valverde. «Fue duro al principio, pero luego me encantaba, porque normalmente te llevabas bien con todo el mundo y muchos se hicieron clientes fijos». Y como en todo, reconoce que «hubo gente que me ayudó», pero también bastantes morosos «entre los que menos sospechas», como el que le espetó la frase antes citada.
Recuerda lo que le emocionaba dar premios. «Dimos una vez un segundo de la Lotería Nacional -cuenta-. Fue muy bonito porque cayó en el círculo de gente del entorno. Y te pones muy nerviosa, no te lo puedes creer. Antes lo escuchábamos por la radio y llamabas a Madrid a ver si habías escuchado bien... Ese premio eran tres millones de pesetas de las de entonces al décimo».
Teresa reconoce que en su caso, «nunca» ha sido jugadora. «Mi marido sí -explica-. Se intercambiaba lotería con gente de otros barcos, en Cádiz, Cartagena...» Y en una ocasión, cuando vivían en Vigo, acertó una Quiniela de catorce. «Un primer premio... Con los niños ya habíamos hecho planes para irnos a Disneylandia. Pero cuando fuimos a ver, el premio era de 1.200 pesetas, porque éramos muchísimos acertantes», sonríe.
A su hijo Juan Ignacio, que asumió en 1999, con solo 23 años, la titularidad del establecimiento al retirarse su madre por razones de salud, también le sonrió en una ocasión la fortuna. Fue cuando en el 2002, su administración repartió un cuarto premio en Navidad con el 00091. «Me hizo gracia el número y me guardé uno para mí y otro para un amigo», recuerda, mientras dice que solo había cogido unos décimos del número, que no tuvo excesiva buena acogida. «Un policía local no lo quiso porque era de la competencia...». Aunque para manías, la de un cliente que se pasaba horas en la administración para rellenar su Quiniela, ayudado por varias carpetas con las estadísticas de los anteriores veinte años «y los guantes que usaba para no tocar nada».
Falta solo un mes para el sorteo del Gordo y parece que por fin arrancaron las ventas. «Quizás ahora se juega menos cantidad, pero juega más gente -señala Juan Ignacio-. He tenido clientes que se gastaron 3.500 euros en Navidad y ahora no lo ves. Está más parada la venta para empresas, pero hay más venta al público».
Los más solicitados
Este año, parece que el 01981 está causando furor. «Recibimos 30 billetes de ese número porque nos lo encargó una empresa. Y no sé por qué, ni que pasó el 1 de septiembre de 1981, ni por qué ese año, pero me está llamando gente de toda España para pedirlo -apunta-. Otro que también reclaman es el 27127, o la terminación del 69, y los números del día del Mundial, el 11710, o de la visita del Papa». «La gente es muy supersticiosa -añade-. Hay quien cada semana se lleva el décimo doblado, lo guarda en la cartera y hasta la semana siguiente no viene a ver si está premiado, y lo saca aún doblado...Si les toca, están días sin saberlo». En su caso, apuesta porque el Gordo terminará en 62, «porque me cayó un paquete con los billetes de ese número en el pie izquierdo». Es su señal. Pero él sí puede decir que este 2010 le dará el mejor premio, ya que a finales de mes se convertirá en padre. A ver si viene con el pan bajo el brazo...