Pontevedra despide el carnaval con el multitudinario entierro del loro
13 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Un descuido o una imprudencia. Lo cierto es que con la resaca propia del entroido el obrero Ravachol obvió ponerse el arnés de seguridad y se cayó del andamio. Así contaban ayer al mediodía un grupo de viudas y caballeros enlutados el fallecimiento del loro, mientras colocaban el libro de firmas que se instaló junto a la recreación de la botica en la praza da Peregrina nada más conocerse la luctuosa noticia. «La de ayer -por el viernes- fue de cuidado -señaló uno de los presentes-. Y lo de siempre, cuando no se toman precauciones...».
Este caballero fue uno de los primeros en firmar en el libro de condolencias (se instala uno cada entroido y ya van 27) y explicó que cada año, no solo los pontevedreses, sino muchos foráneos, expresan su pesar por la muerte del símbolo del carnaval. «Ahora estamos a ver de quién es la firma más lejana... Y de momento gana Australia».
Por la tarde, las muestras de desconsuelo por el fallecimiento de Ravachol se trasladaron a la praza da Verdura, donde se celebró el velatorio. Y a medida que se acercaba la hora del entierro, por las calles aledañas ya se palpaba el ambiente en color negro para la cita de la noche, ayudado además por el respiro que dio la lluvia.
Convivencia de luto y fiesta
Sobre las nueve de la noche, el luto y la fiesta empezaron a convivir en las calles del centro histórico de Pontevedra, en el multitudinario desfile que acompañó la despedida del loro Ravachol. La comitiva fúnebre recorrió -escoltada por una corte de demonios, la animada música de comparsas y el grupo Vamos a todo- las calles San Román, A Ferrería, paseo Antonio Odriozola, Soportales, Manuel Quiroga, Princesa, Isabel II, rúa Real, Sarmiento y Pasantería, para rematar de nuevo en la praza da Ferrería.
Allí se procedió a la incineración del loro y en su honra se celebró un sentido espectáculo necrológico con la lectura de una loanza fúnebre. Descanse en paz hasta el año que viene.