El principal reto para la conservera de Poio es la amenaza del exterior
16 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Guadalupe Murillo (Pontevedra, 1970) destila energía. Casi hiperactividad. Licenciada en Derecho por la Complutense de Madrid, es máster en asesoría fiscal, experta en derecho fiscal y en sanitario, directora general de Pescamar, tesorera del PP, exvicepresidenta del Pontevedra y del Teucro... También es madre de tres hijos y, para completar el currículo, bromea con que le gustaría ser ministra. El pasado viernes cerró una semana agotadora con una gran fiesta. Cinco días para conmemorar el 50 aniversario del nacimiento de Pescamar.
-Medio siglo de historia ya, ¿Hacia dónde camina Pescamar?
-Los tiempos son complicados para la conserva, porque competimos con muchas empresas a nivel mundial, algunas de ellas con el atún poco menos que a sus puertas y con mano de obra que cuesta hasta cuarenta veces menos. Competir es difícil, pero si conseguimos demostrar que el producto español y gallego es de calidad, seguramente podamos seguir vendiendo a un público que todavía paga por comer bien. Creo en los retos y tengo claro que si trabajamos, innovamos e internacionalizamos, podremos cumplir nuestros objetivos. El futuro pasa por salir y hacer nuevas cosas que no estén al alcance de los demás. Todo se basa en el trabajo y el esfuerzo.
-¿Qué queda hoy de aquella empresa que fundó en 1961 Alfonso García López?
-Sus trabajadores. Aquí hay algunos antiquísimos, que llevan 47 años en la empresa. Queda también la mujer del fundador, la cofundadora. He de decir que el equipo de profesionales que tenemos aquí es el mejor posible, están muy implicados en la empresa. Participan del espíritu de trabajo en equipo que nació con el fundador y que pervive aún hoy en día. Nuestra filosofía es trabajar en equipo, con mucha motivación y la calidad del producto. Él lo quiso desde el principio y se mantiene desde entonces.
-Lo avanzaba antes. Supongo que el reto hoy para cualquier empresa de su sector es competir ante la amenaza foránea, ¿no?
-Sí. Hoy tenemos un problema grande con Papúa Nueva Guinea, que tiene grandes cantidades de atún a su disposición y unas condiciones tanto laborales como sanitarias mucho más favorables para sus intereses. Se han levantado los aranceles a este país y dentro de poco tendremos a cuatro empresas americanas produciendo allí para meter sus conservas en Europa sin arancel. El problema es que nosotros para vender en EE. UU. tenemos que pagar un 26 %. La globalización está muy bien para algunos pero el problema para Galicia es que puede llevar a deslocalizarnos. No te olvides de que el primer productor mundial de atún es Tailandia y el segundo es Galicia. Como sigan así las cosas, lo tendremos muy difícil para competir, salvo que consigamos demostrar que las garantías sanitarias y las calidades de lo que hacemos en Europa son mucho más saludables que las que vienen de fuera.
-Internacionalizarse o morir podría ser el lema de cualquier empresa tal y como avanza la crisis. ¿Comparte la tesis?
-Sin duda. Piensa que en España hay 167 conserveras y aquí es difícil colocar el producto precisamente por esa gran abundancia de marcas, algo que se puede apreciar en cualquier supermercado. Pero fuera aún hay mucho mercado.
-El sector conservero ha utilizado la mano de obra de forma intensiva desde tiempos inmemoriales... ¿Se mantendrá esta tendencia o la tecnificación cambiará los sistemas de fabricación?
-Las máquinas necesitan personas y, por ejemplo, las delicatessen necesitan ser empacada de manera manual. No creo que se vayan a reducir las plantillas por tener máquinas.