El 2011 pasó a mejor vida. Fue un año convulso para el Pontevedra y toda su masa social. Cambio de directiva, huelga de la plantilla, agresión a un jugador, denuncias ante la Asociación de Futbolistas Españoles, el descenso a Tercera División, despidos... El sabor de boca fue amargo, y con las doce uvas todavía en el estómago, la entidad granate pretende convertir al 2012 en la antítesis del año viejo. El que iba a ser un año de celebraciones para festejar el 70 aniversario del equipo, se transformó en uno de decepción.
El club del Hai que roelo está en la uci con respiración asistida. Su salud económica es inestable, aunque este año se despejarán todas las incógnitas. Parte del estado de las cuentas del Pontevedra pasa por conocer el resultado de una auditoría que está prácticamente finalizada pero que los responsables del club guardan bajo llave. Ahora, todos los agentes implicados en la vida granate tratan, por todos los medios, de evitar un desenlace que semeja inminente: La Ley Concursal. El anuncio de solicitud de concurso de acreedores podría llegar este mismo mes.
De sueño a pesadilla
La temporada 2010-11 empezó siendo una liga para soñar con el ascenso a Segunda División y celebrar por todo lo alto el 70 aniversario del club. Sin embargo, acabó convirtiéndose en una Pesadilla en Benito Corbal. Todos quieren despertar del mal sueño y regresar a Segunda División B con las arcas saneadas.
No obstante, no todo es carbón en estas épocas navideñas. Una ligera mejoría en la vida del Pontevedra se produjo en junio, cuando el actual presidente, Mauricio Rodríguez, fue ratificado casi por el 99 % del accionariado granate. Rodríguez había alcanzado la presidencia del club de la mano de los políticos, y cuenta también con la colaboración del ahora vicepresidente, José Manuel Fernández.
Con esta ratificación, Nino Mirón pasaba, como el año pasado, a la historia. El exmandatario delegó sus acciones en Evaristo Portela, que actualmente está en el consejo de administración y cuenta con un 37 % de las acciones del club lerezano.
También queda para los anales de la historia granate la presencia de Fran Crujeiras y Arturo Tamazián en el organigrama del club.
A nadie extrañó que la sociedad anónima deportiva estuviera al borde de la quiebra. Hubo momentos en los que faltó liquidez. No había efectivo para hacer frente a algunos sueldos galácticos para la categoría. También hubo una declaración de huelga de los jugadores. El conjunto se plantó, y estuvo al borde de no vestirse de corto para un partido de liga. Las intervenciones en las negociaciones entre jugadores y directiva del presidente de la Diputación y el alcalde de Pontevedra, Rafael Louzán y Miguel Anxo Fernández Lores, respectivamente, fueron clave para evitar el naufragio. Al final hubo fumata blanca, pero la calada a la pipa de la paz solo sirvió para acallar críticas. Louzán y Lores se cruzaron en el destino del Pontevedra, respondiendo al mensaje de socorro enviado por Nino Mirón.
Malos recuerdos
A pesar de todas las complicaciones, el espectáculo más bochornoso de la historia de un club que nació en 1941 ocurrió el año de su 70 cumpleaños. El 10 de abril un enfurecido grupo de aficionados esperó al delantero Iban Espadas cerca de Pasarón. Lo eligieron a él para descargar su ira. Cuando el futbolista disponía a abandonar los aledaños de campo, los hinchas zarandearon el coche en el que viajaba junto al centrocampista Sergio Castaño y su mujer. Iban Espadas trató de esquivarlos, y con los nervios a flor de piel, dio marcha atrás y tiró una señal de tráfico. Denunció los hechos en Comisaría, y al llegar a su domicilio, un hooligan lo amenazó.
Pero el Pontevedra ahora es otro. Compite en Tercera División bajo la dirección de Milo Abelleira, y tanto el cuerpo técnico como la plantilla están centrados en un solo objetivo: ascender a Segunda B y devolver al Pontevedra al lugar que le corresponde. Los jugadores cobran sus nóminas, entrenan y juegan. Solo piensan en el terreno de juego, en el fútbol.