Soraya Sáenz concilia en Pontevedra vida familiar y campaña

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

14 oct 2012 . Actualizado a las 06:58 h.

Hasta una vicepresidenta del Gobierno tiene dificultad para conciliar la vida familiar y la profesional. Y más si está inmersa en la campaña electoral.

Soraya Sáenz de Santamaría sedujo ayer por la tarde a muchos de los viandantes con los que la caravana popular se cruzó en Pontevedra -incluida alguna despistada que, con acento de Almería, gritó a su paso: «¡La Cospedal!»-, pero también se dejó seducir... por el comercio local.

Y es que Sáenz de Santamaría se encontró a su llegada a la capital con la necesidad de comprarle unas zapatillas a su «enano», quien curiosamente nació coincidiendo con una campaña electoral. La de las generales que auparon a Mariano Rajoy a la presidencia del Gobierno.

De este modo, a medida que la vicepresidenta recorría algunas de las calles más emblemáticas de la ciudad del Lérez para mostrar su apoyo a Núñez Feijoo -«Alberto nos ha pedido que estemos aquí apoyándole y a eso estamos»- se detenía en comercios especializados. Finalmente fue en Pasitos, en el entorno de A Ferrería, donde encontró lo que buscaba: unas zapatillas amarillas de Bob Esponja.

Luego continuarían los besos, los saludos y las fotos. Fue un recorrido en el que el conselleiro de Presidencia, Alfonso Rueda, por momentos tuvo que asumir las veces de fotógrafo para inmortalizar a algunos que querían posar junto a la vicepresidenta. Por cierto, Sáenz de Santamaría ni se plantea otro escenario para el 21-O que no sea el de la mayoría absoluta del Partido Popular. «Las cosas imposibles, mejor no perder tiempo en pensarlas».