«A ver cuándo inventan el paraguas»

carmen garcía de burgos PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

La inestabilidad meteorológica proporcionó desde calor hasta lluvia, pero templados

07 sep 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

La lluvia irrumpió en la Feira Franca, pero no pudo con ella. El primer tonteo que se gastó la meteorología con los millares de pontevedreses que retornaron a la Edad Media fue a mediodía. Acababa de llegar el vino al corazón de la villa, en plena plaza de A Peregrina cuando cayeron las primeras cuatro gotas con decisión. «A ver cuándo inventan los paraguas», apuntó, muy sensatamente un habitante del Medievo. A juzgar por la cantidad de ellos que se abrieron instantáneamente en ese momento, otros ya lo habían descubierto. Pero en realidad resultaba mucho más histórico observar al verdugo, acompañado de su verduguesa y su pequeño verduguito en un coche de bebé buscar cobijo bajo un árbol de A Ferrería.

Aún así, fue cuestión de minutos, y pronto Lorenzo venció su batalla y calentó las decenas de mesas que se repartían por la zona monumental y a sus comensales. Carneiro ao espeto, empanadas de toda clase, dulces modernos y clásicos y, cómo no podía ser de otra forma en la Edad Media, licores abarrotaban tableros de madera, en el mejor de los casos cubiertos por carpas o doseles.

Tanto para abrir el apetito como para cerrarlo, las distintas demostraciones y obradoiros salpicaron los rincones de la zona antigua y de la avenida Montero Ríos para invitar a curiosos y observadores a formar parte de alguno de los antiguos oficios de la época. La cetrería, el arte de usar las armas blancas, el tiro con arco, y hasta los métodos de tortura más populares se abrían sin tapujos al público para dejar que, por una vez, fuera el pueblo llano el que tomara el control de toda la ciudad.

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