Un hospital en coma inducido

Lars Christian Casares Berg
christian casares PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Las posturas enrocadas de Ayuntamiento y Xunta abocan al nuevo centro sanitario único al letargo administrativo, sin calendario ni alternativas

14 sep 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

No hay alternativas porque ninguna de las dos partes enfrentadas en este conflicto administrativo cede en sus posturas. El nuevo hospital de Pontevedra ha llegado a un estado de coma inducido por dos visiones políticas contrapuestas incapaces de llegar a un acuerdo.

Alberto Núñez Feijoo certificó el pasado jueves desde el atril donde da cuenta de las decisiones que adopta el gobierno autonómico tras el Consello de la Xunta el estado de letargo administrativo. Dio por cerrado el plan de hospitales públicos de la Xunta de Galicia con la adjudicación de la ampliación del de A Mariña, en Lugo. Cerrado el plan, solo está «pendente o de Pontevedra», dijo.

Está pendiente de una transfusión de fondos públicos que el Ayuntamiento de Pontevedra no está dispuesto a autorizar. Desde el pasado mes de julio duerme en los cajones de algún despacho del Concello un convenio remitido por las consellerías de Sanidade y de Medio Ambiente para que el Ayuntamiento de Pontevedra acceda a costear las obras que doten a los terrenos de Monte Carrasco, reservados para el hospital, de agua, electricidad y alcantarillado. Quizás también otras obras de urbanización del entorno, porque el convenio es impreciso.

Así las cosas el resultado es un choque de trenes. No por lo económico que, a falta de una cuantificación de la aportación que correspondería al Concello, este sitúa el coste para las arcas municipales en treinta millones de euros. No en lo económico porque la colaboración presupuestaria Xunta-Concello se ha dado en otras materias, sino que Pontevedra está en medio de un choque de trenes ideológico.

Desde que el bipartito de Emilio Pérez Touriño y Anxo Quintana dejase en el 2009 todo listo para la ampliación del Hospital de Montecelo -proyecto constructivo redactado y plan supramunicipal aprobado para agilizar la tramitación- Pontevedra ha sufrido el mal del hospital sin licitar. Porque confiados en mantener el Gobierno, la coalición PSOE-BNG remató su legislatura sin licitar las obras.

El cambio en la Xunta y unas elecciones municipales entremedias en las que el PP fijó Pontevedra como uno de sus objetivos lo cambiaron todo. El hospital, que por la presión que el entonces candidato Telmo Martín realizó entonces sobre Alberto Núñez Feijoo, iba a sustituir a la pretendida ampliación de Montecelo, ha llegado al mismo estado. Hay proyecto, hay plan supramunicipal en marcha, pero tampoco está licitado.

Feijoo no se pondrá detrás del atril para anunciar tras un Consello de la Xunta que Pontevedra completa ya definitivamente la «red de hospitais públicos de Galicia». Porque ahí está el quid de la cuestión. En el apellido del centro sanitario. Donde la Xunta dice «público», el Concello dice «privado».

No habrá dinero público de las arcas municipales para financiar un modelo que da entrada a la iniciativa privada en la construcción y gestión de un centro que costará más de cien millones de euros. Así, resuenan de fondo las palabras de Alberto Núñez Feijoo cuando anunció su compromiso de «facer o hospital de Vigo» y «tentar o de Pontevedra».

El intento ha devenido en conflicto institucional. Y con él, la inversión se paraliza entre posturas enrocadas que abocan al hospital al letargo administrativo.