La institución elabora un nuevo reglamento para las intervenciones en el pleno
02 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Unos lo imponen. Otros lo acatan. Casi todos lo cumplen. Pero a nadie le gusta. Desde que se ha retomado el reglamento de intervenciones de los grupos provinciales en el pleno de la Diputación de Pontevedra, el PP está crispado, el BNG no disimula que le chirría el modelo, el PSOE lo impone desde la presidencia del pleno sin creer mucho en una regulación de tiempos aprobada en 1999, pero que activó en respuesta a la crispación impulsada por el PP en los primeros plenos del mandato. El diputado de Son, las siglas de las mareas en la Diputación, tampoco acaba de verlo claro.
Supone restringir la réplica en el debate y limitar las intervenciones a un tiempo máximo de diez minutos -a veces eternos, a veces insuficientes, en función de la sustancia de lo que se vaya a debatir-. Pero como desde que se han impuesto los diez minutos de intervención los diputados saben que no tendrán más ocasiones de exponer sus motivos, estos los exprimen al máximo, así haya que hablar de la avispa asiática, el franquismo, de la fundación de las olimpiadas o de los refugiados, como ocurrió ayer. También consumo exhaustivo de ese tiempo para cuando, en bucle, esos diez minutos son para justificar por qué hay que tumbar la restricción del cronómetro. También sucedió ayer.
El PP reclamaba la supresión de un reglamento aprobado cuando gobernaban los propios populares, pero que nunca se llegó a aplicar y se ha ido a imponer -paradojas de las decisiones políticas- cuando el PP ha pasado, dieciséis años después, a la oposición.
Luis Aragunde (PP) -Aranguren, como el filósofo, para la presidenta de la Diputación, que ayer, no se sabe si con fina ironía o simple cortesía, le pidió disculpas por referirse a él casi siempre así- arremetió contra la limitación de tiempo de un reglamento «do século pasado». Del siglo pasado, pero aprobado por el PP, le replicó desde las filas del PSOE Carlos López Font, quien desveló que se está haciendo ya un cambio del reglamento. El PP, sorprendido, ha pedido consenso. Y el BNG dijo, a través del vicepresidente de la Diputación, César Mosquera, que el consenso no es difícil cuando se quiere. «Vostedes sairon moi beneficiados del», deslizó en velada referencia al acuerdo de inicio de mandato por el que se repartieron, entre otras cosas, los salarios, asesores y asignaciones de todos los grupos políticos.
Así las cosas, el de ayer puede ser el penúltimo pleno con el cronómetro soplando en el cogote de sus señorías, o al menos con un modelo que propicie algo más el debate sin caer en el filibusterismo, esa técnica de intervención parlamentaria eterna que lo único que busca es obstruir el propio debate con larguísimos discursos en aquellas instituciones en las que, precisamente, no se regula el tiempo del mismo. Del futuro reglamento solo se sabe que está en elaboración, ahora en pleno siglo XXI. Si será impuesto, acatado y cumplido por todos, o del gusto unánime se sabrá, anunciaron ayer, no mucho más tarde de la próxima sesión o de la siguiente. El cronómetro corre.