La ciudad con excusa para ser impuntual

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Algunos de los relojes callejeros más emblemáticos, como el de la Peregrina o el del Concello, llevan años sin funcionar

05 mar 2017 . Actualizado a las 11:22 h.

Los Panchos o Luis Miguel serían felices en Pontevedra. Ellos, entre muchos otros, pusieron voz a una pieza del mexicano Roberto Cantoral que insiste en hablarle a un reloj: «Reloj no marques las horas», suplica la canción. Y en la ciudad del Lérez, desde luego, se cumple. Aquí, los relojes callejeros no marcan las horas. Al menos algunos de los más emblemáticos, como los de la vieja casa consistorial, la Peregrina o los cuatro que tiene el Hospital Provincial. Esas máquinas del tiempo están tan paradas como rodeadas de curiosidades. Basta decir que, en el caso del de la iglesia, se logra que dé las campanadas bien, pero no que las manecillas vayan al compás. «Las agujas van por su cuenta», reconoce Rafael Táboas, presidente de la Cofradía de la Virgen de la Peregrina.

Rafael es, en realidad, un entusiasta del reloj. Cuenta que la maquinaria que tiene no es la primitiva y que la antigua está expuesta en una vitrina en la iglesia. A él le gustaría que el reloj dejase de marcar perennemente las siete y media de la tarde. Pero dice que de momento no podrá ser: «Estamos en negociaciones con el Concello, porque la propiedad del reloj es suya y queremos recuperarla para arreglarlo y ponerlo en marcha. Ahora viene un técnico cada cierto tiempo, pero no es suficiente». El arquitecto César Portela es otro amante del mundo del reloj. Dice que cuando rehabilitó el edificio de Afundación tuvo claro que no se podía retirar el que hay en lo alto del edificio: «Junto con el de A Peregrina y el de la casa consistorial formaban el triángulo de relojes públicos emblemáticos de la ciudad, no podíamos sacarlo». La máquina del tiempo que alude Portela es la única de las tres que funciona ahora.

El reloj mecánico de péndulo de la vieja casa consistorial, que durante años mantuvo a rajatabla el arquitecto Enrique García Quintela, que se ocupó de su mantenimiento incluso ya jubilado, también se paró para siempre hace años. ¿Hasta cuándo? A pie de calle piden que sea hasta pronto. «Se fija todo el mundo en eso, no sé como nuestro alcalde que le gusta tanto ver las calles bonitas no reparó ya el reloj», dice una vecina entrada en años que sostiene que la única manera «de saber en qué hora se vive en Pontevedra» es guiarse por las campanadas que da Santa María la Mayor cada sesenta minutos. Hay más vecinos que le dan la razón. En la parroquia dicen que solo las tocan en horario diurno y gracias a un sistema electrónico que las acciona.

Ni siquiera el de la Xunta

Por no funcionar, en Pontevedra ni funciona el modernísimo reloj que puso la Xunta en una de las paredes del nuevo edificio administrativo de Campolongo, que marcaba la hora a centenares de funcionarios y que ya no se mueve de las seis, para disgusto de algunos. Con este panorama, llegar tarde en Pontevedra debería estar justificado. ¿A qué se deberá tanto reloj parado? Quizás, a la canción de Luis Miguel y Los Panchos. Sí. Porque ese tema, el «reloj no marques las horas», fue durante años y años la canción final de cada noche de un sitio mítico de copas como Carabás. De tanto cantarlo, se cumplió.