La Festa Corsaria llena las calles con un programa donde se mezclan la buena mesa, el humor y la artesanía
20 ago 2017 . Actualizado a las 11:56 h.Marín fue ayer un despliegue de imaginación, de ganas de pasarlo bien y de convivencia entre vecinos en la celebración de la Festa Corsaria, un evento que se ha consolidado en el calendario de agosto y que goza cada verano de mayor participación. La edición del 2017 ha sumado más de 44 mesas particulares para comidas de vecinos en plazas y calles, además de las instaladas por los propios establecimientos hosteleros, bajo la coordinación del Concello. Marín desempolva su pasado de hace trescientos años, cuando sus paisanos, dirigidos por Juan Gago de Mendoza, señor del pazo de Chirleu, en Aguete, propinaron más de una paliza a los barcos ingleses primero y a las tropas napoleónicas después.
Lejos de aquellas belicosas jornadas, la villa se llenó este sábado de banderas -más piratas que corsarias, pero tampoco es el momento de ser puristas en rigor histórico-, oficios artesanos, puestos de venta de mil productos y actividades para todas las edades en sus calles y plazas. Había ganas de pasarlo bien y algunos grupos de vecinos ya cenaron en la calle el viernes, escena que se multiplicó ayer al mediodía y de nuevo a la noche.
El parque Eguren se transformó en una galería de oficios tradicionales como herrero, ceramista y cantero; mientras que una exhibición de aves rapaces -búhos, águilas y halcones- dejaba con la boca abierta a los más pequeños que no paraban de preguntar «¿y ese qué animal es?». En la Alameda, entre los puestos del mercado de artesanía, había una granja con animales domésticos y los más románticos pudieron acomodarse en una calesa que saliendo de la praza de España recorría el paseo marítimo.
Actividades infantiles
Demostraciones para niños de esgrima y tiro al arco, tiovivos con motivos piratas para los más pequeños de la casa y juegos populares completaron una jornada donde un sol de justicia vació las calles después de comer y que se fueron volviendo a animar según el calor dejaba de apretar.
Dos llamativos barcos, montados sobre vehículos, sirvieron de imitación de navíos del siglo XVIII y fueron objeto de muchos comentarios y muchas más fotos. Los barcos se usaron en la recreación de una batalla naval.
Ahora bien, las comidas en la vía pública fueron uno de los elementos más demandados por los vecinos, que llevan semanas realizando los preparativos para su montaje y decoración. Destacaban los diseños que se pudieron observar en la calle Lameira, en A Banda do Río, así como en las calles Real y Sol. En esta última, un grupo de vecinos realizó su propia oferta de esparcimiento para los más pequeños, con juegos tradicionales, junto a mesas decoradas con todo mimo y detallismo.
El Concello se mostró muy satisfecho por la acogida entre los vecinos de este evento, que tiene garantizada su continuidad.