Las características de la quinta ola, con las vacaciones y las consecuencias de una raquítica política de contratación, devienen en la situación actual que padecen profesionales y pacientes.
08 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.La semana ha estado marcada por las protestas laborales del personal médico y de enfermería a las puertas de centros de salud y hospitales del área sanitaria denunciando la sobrecarga de trabajo que la atención primaria está padeciendo, que se produjeron al día siguiente del debate originado por la comparecencia ante el Parlamento Gallego del conselleiro de Sanidad, requerido por la oposición.
Que, en medio de la refriega parlamentaria, el conselleiro Julio Garcia Comesaña admitiese que la situación de la atención primaria es «preocupante» fue el reconocimiento tácito que se puede esperar de un cargo público, reconociendo la gravedad de la misma. Una situación que oposición y sindicatos no dudan en calificar, varios grados más arriba, como «crítica», consecuencia de un problema estructural, no coyuntural.
Ahora ocurre que por las características propias de esta quinta ola y por acontecer en pleno verano, se agudiza la evidencia, con la mezcla fatal de los turnos de vacaciones y la escasez de profesionales. Además, la vuelta gradual a la atención presencial, después de meses de despachar a los pacientes por teléfono, ha terminado de atascar los centros sanitarios. Y la propina es el flujo de población flotante que afortunadamente sigue eligiendo como destino Galicia pese a las restricciones. Pero que, en las localidades más turísticas, como Sanxenxo, desemboca en una extraordinaria presión asistencial como ocurre en el ambulatorio de Baltar que se ha puesto en el foco como referente del problema.
Tanto el debate parlamentario como las movilizaciones convocadas por los diferentes sindicatos del ramo, con oportunidad (y oportunismo también), han servido para darle mayor visibilidad mediática a una situación prolongada en el tiempo y que forma parte de la realidad cotidiana de miles de familias gallegas.
Realidad palpable
Cualquiera de nosotros como pacientes, ya sea por experiencia propia o conocida en nuestro entorno, lo padecemos en centros de salud, ambulatorios, PAC y hospitales. La foto es tan sencilla como complicada: atención sanitaria sobrecargada, médicos y enfermeras sobresaturados, al igual que el personal de analítica y de otras pruebas de diagnóstico, a los que les meten agendas diarias abarrotadas. Masificación y demoras. Casos como el de Rosa Uhía, denunciado días atrás por este periódico. ¡Le daban cita para recoger el resultado de una electromiografía, 10 meses después!
Al final, este cuello de botella deviene en una atención primaria estresada, carente de la calidad necesaria que sería exigible en lo que tiene que ser la primera barricada de un sistema de sanidad pública bien organizado que evite la congestión de los servicios de urgencias hospitalarios. Algo que en Galicia aún dista mucho de ser realidad.
En su comparecencia parlamentaria, el conselleiro imputó la causa principal a la falta de personal. «No hay médicos ni enfermeras en las listas de contratación. ¿Con qué los sustituimos?», se quejó.
El conselleiro, en un ejercicio un tanto cínico, pretendía obviar que esta penuria de profesionales tiene una raíz profunda: la propia política de contratación del Servizo Galego de Saúde (Sergas) con múltiples contratos cortos (de solo un día), o precarios, acentuada por una raquítica tasa de reposición desde hace años. García Comesaña lo sabe bien: procede de Vigo, donde en el 2019, vivió como gerente del área, la crisis generada por la dimisión conjunta de los jefes de los centros de salud para presionar al Sergas a reparar la situación de presión asistencial. ¡Y entonces se quejaban de que no podían ver a 55 pacientes al día! En este verano, ese registro se supera por doquier.
¿Acaso no llevamos escuchando desde la última crisis económica que personal sanitario formado en Galicia ha decidido emigrar en busca de mejores contratos y sueldos a Portugal, a otros países del entorno europeo o acaso a comunidades autónomas vecinas, como Castilla-León que paga más y mejor que la Xunta?
Es obvio que no hay una crisis vocacional. Solo hay que ver la demanda existente para estudiar Medicina en la facultad de Santiago o en Escuelas de Enfermería como la que desde hace décadas ha formando generaciones de profesionales en Pontevedra.
Un informe publicado en junio por un portal de contratación señalaba que Enfermería, Medicina y ADE eran las titulaciones más demandadas en Galicia. Contradictoriamente seguimos con déficit de enfermeras y médicos. Apenas 550 enfermeras y unos 350 médicos se titulan cada año en nuestra tierra.
Más MIR
Por cierto, en medio se ha originado otro debate, a propósito de una pretendida transferencia del MIR a Cataluña, lo que, con una unanimidad excepcional, han coincidido en calificar como una «burrada», tanto el conselleiro como los colegios profesionales de Galicia y sindicatos de la medicina. Precisamente ahora que tanto se necesita elevar la convocatoria de plazas de médicos internos residentes que está centralizada por el Gobierno Central, parece suicida plegarse a las presiones del independentismo catalán entregándoles una competencia estatal, rompiendo el modelo existente. Confiemos que la ministra Carolina Darías diga la verdad cuando niega que esa transferencia esté sobre la mesa.