El recrudecimiento de las movilizaciones de trabajadores de Ence y su entorno, entendible por la incertidumbre, requiere amortiguarse con la mesa de diálogo con todas las partes
17 ago 2021 . Actualizado a las 21:06 h.En la última semana, entre el pregón del sábado 7 y las barricadas del miércoles 11, el asunto Ence se ha disparado hasta llegar a un estado de crispación que resulta tan peligroso como preocupante. La tensión de los trabajadores de la pastera, empresas auxiliares y demás usuarios, es evidente. Temen por sus trabajos, sienten desasosiego y reaccionan encabronados por la ausencia de pistas sobre su futuro.
La falta de noticias sobre la mesa de diálogo que se constituyó en Madrid, el pasado 21 de abril, convocada y presidida por la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, y que no ha vuelto a reunirse, junto con el fallo de la Audiencia Nacional contra la prórroga de 60 años, han viciado el ambiente. El talante de las movilizaciones de cuantos temen por sus trabajos, se ha avinagrado. Cualquiera puede entenderlo. Incluso el propio Miguel Anxo Fernández Lores, según reconoció, con empatía justita, en declaraciones realizadas esta semana a La Voz de Galicia.
Bajo el foco
El alcalde de Pontevedra está bajo el foco -creo que sin disgusto- al personalizarse en él la principal responsabilidad de haberse llegado a esta situación de incertidumbre jurídica, desde que se conoció el fallo de la Audiencia Nacional del pasado 16 de julio. Aunque, de momento, no sea efectivo, pues la empresa recurrió al Tribunal Supremo, lo que presupone dos o tres años más de espera.
Volviendo al hilo, es cierto que el recurso judicial del Concello, fue determinante. Aunque no fue el único. Y que la decisión de pleitear contra la prórroga que dio el Gobierno de Mariano Rajoy a Ence, responde a un criterio político conocido que el BNG mantiene desde hace años, muy beligerante contra la permanencia de la pastera. Pero dejar ahí el análisis del asunto sería muy incompleto.
Tanto o más influyente que el recurso del Concello contra la prórroga, resultó ser que el Gobierno de Pedro Sánchez decidiese ordenar a la Abogacía del Estado allanarse en ese pleito. Es decir, el Gobierno se desdijo de una decisión anterior (la prórroga) cuya legalidad no defendió ante los magistrados de la Audiencia Nacional. Como con los indultos a los líderes del procés. Este giro copernicano del Gobierno de la Nación fue clave para la suerte de Ence, pues, durante décadas, los dos grandes partidos políticos españoles mantuvieron una relación amable con la empresa pastera, tanto cuando fue pública, como ya privatizada.
El PSOE local
La raíz de semejante maniobra responde a la persuasión del PSOE pontevedrés, que logró hacerle llegar a Sánchez la necesidad de posicionarse en este asunto para quitarle la exclusiva al BNG. La maniobra se vio ayudada por el gobierno de coalición con Podemos y se completó con la necesidad imperiosa de apoyos parlamentarios para investir a Sánchez. Lo que incluyó en la ecuación el voto del diputado nacionalista Néstor Rego, a cambio de la «axenda galega» que, como ya hemos escrito otras veces, tiene una cuota pontevedresa muy importante, con la exigencia de sacar a Ence de ahí, escrita a fuego.
Sin duda, si llega el momento, nacionalistas y socialistas competirán por ponerse la medalla. Pero en lugar de semejante cortoplacismo, sería de agradecer un esfuerzo común, para volver a la mesa de diálogo y rebajar la tensión. Echo en falta que el PSOE pontevedrés abogue, como en cambio hizo tantas otras veces, por volver al diálogo entre las partes.
Estrategia sindical
En el actual estado de cosas, también tiene mucho que ver la reunificación de la acción sindical entre los comités de fábrica y de oficinas en una estrategia reivindicativa más contundente que lideran los operarios de la pastera y que participa su entorno. El nuevo talante tiene valor añadido: supone la conjunción intereses de Comisiones Obreras y CIG en una estrategia más beligerante. Por más que le chinche al BNG que su sindicato se involucre en reventar el pregón de la Peregrina, por ejemplo.
La nueva estrategia ha desembocado en movilizaciones que supongo pretendían zarandear tanto a las instituciones, demás actores implicados como a la opinión pública. ¿Sabrán los Bacariza, Graña, Ana Cedeira y demás responsables de la acción sindical como García Pedrosa o Paulo Carril, graduar la intensidad de las protestas? Si se pasan de frenada, la corriente de simpatía que la causa de Ence pueda tener entre la ciudadanía, puede malograrse. Y si se quedan cortos, ni la ministra, ni la Xunta ni siquiera la propia empresa, van a plegarse a volver a la mesa de la que nunca se habrían tenido que levantar.
Silencios atronadores
En medio de los petardos, las bocinas y las consignas, hay silencios atronadores. Destaco tres: el del Gobierno Central, en particular, de la ministra Ribera; el de la Xunta de Galicia, personalizado en el vicepresidente Conde; y el de la propia empresa Ence, especialmente de su CEO, Ignacio de Colmenares.
Todos ellos estuvieron en aquella reunión constitutiva de abril en Madrid. Como el alcalde de Pontevedra y los representantes de los trabajadores de la pastera y su entorno. Parece que, salvo éstos últimos, todos los demás estén interesados en obviar responsabilidades. La primera y fundamental: sacar la tensión de las calles y recuperar los cauces del diálogo.
¿A qué están esperando?