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Everaldo Pessoa y Alisson Lima dejaron Río de Janeiro y Sao Paulo, respectivamente, por Pontevedra y fusionan la cocina de su país con la gallega en una croquetería famosa por este producto y las tapiocas
23 mar 2023 . Actualizado a las 05:00 h.El toldo es claro. Sobre el fondo verde, unas letras permiten leer «croquetería». Apenas hay dudas de lo que se ofrecerá al entrar. Pero esconde mucho más de lo que esa palabra sugiere. Cualquiera se podría imaginar que en su interior se ofertará un listado de sabores como los que se pueden encontrar en cualquier rincón de Galicia, pero esta es la casa de El Crack, como llamaron a un local en el que no suena samba, pero sabe a Brasil. Y a un poquito de Galicia. No solo emigran los cracs del balón, también los de las croquetas.
Cuando Everaldo Pessoa llegó a Europa desembarcó en Portugal. Esa fue su primera parada tras salir de Río de Janeiro, donde era gerente de logística en una multinacional. La violencia en las calles le llevó a cruzar el Atlántico junto a Patricia, su mujer. Todavía estudiando cuál sería el camino que tomaría, recibió desde Pontevedra la llamada de un amigo que lo convenció para venir a conocer la ciudad. «Mi mujer vio Pontevedra y me dijo ‘qué sitio más maravilloso, ¿podemos vivir aquí?'», recuerda Everaldo sobre sus primeros días junto al Lérez. Más tarde conoció al otro «crac» del negocio o su «miniyo», como dice Everaldo. Alisson Lima dejó Sao Paolo por amor a una gallega, pero ya sabía mucho antes que él tendría que explorar el mundo. Pero Pontevedra fue principio y final (por ahora) de su expedición.
La ciudad los había ganado. Ahora le tocaba a ellos ganarse a la ciudad. «Los brasileños somos emprendedores, tenemos ganas siempre de tener algo nuestro», explica Pessoa en un castellano casi perfecto. Lo primero que se le ocurrió fue hacer croquetas. Por fuera son como las españolas, pero al morderlas, cambia. «No sabes cuántas pruebas hizo hasta lograr la mejor», explica mientras coloca en un plato una coxinha, la estrella brasileña de la carta. Es una croqueta de muslo de pollo. «Al morder, tiene como una capa exterior con todo el interior relleno de lo que esté hecho», señala Everaldo, que las hace con la máquina que le envió un amigo de Brasil. Un pedacito de Sudamérica estaba en Pontevedra. Ahora tocaba fusionar la fórmula gallega con ese formato típico de Rio de Janeiro. «Las tenemos de mejillones, de lacón por fuera con tetilla por dentro, de grelos y hasta de chocos en su tinta. Son las mezclas de dos mundos en un bocado», explica Pessoa, que hasta las tiene de salchichas para enamorar a los más pequeños.
Después de convertirse en un templo de las croquetas para los pontevedreses, un día un cliente le pidió que le preparase una tapioca brasileña. Tenía harina de yuka y los productos que hacían falta para ayudar a ese comensal a viajar a Brasil a través de los sabores. Poco a poco esas tapiocas empezaron compartir el protagonismo con las couxinhas y a ser parada obligatoria para los que quieren experimentar sus sabores.
La estrella también es la de pollo con catupiry, un queso con textura de bechamel que ha hecho deshacer el Camino a algún peregrino. «Paran muchos durante el verano y una de ellas regresó después de haber llegado a Santiago para volver a comerlas», reconoce Alisson. Él sabe de lo que habla porque antes de ser la otra mitad de la croquetería venía a diario a comer para sacudirse la morriña brasileña. «Ahora el 90 % del público que tenemos es español, pero viene gente de Vigo para probar las tapiocas y las croquetas», señala Everaldo. Lo único que exige es que las tapiocas se coman en el local porque si no se toman en el momento, se ponen duras.
Comida para celíacos y veganos
La masa esponjosa y algo elástica es apta para celíacos. Solo lleva harina de yuca y agua, lo que también entra en los menús veganos. Se pueda usar tanto con salado como con dulce. Aunque la de pollo y queso es la favorita de los clientes, Everaldo y Alisson reconocen que tuvieron que buscar una fórmula para adaptarla a los gustos gallegos. «La hacemos con huevo frito, de esos que cuando comes la tapioca la yema lo mancha todo y gotea», dice con una sonrisa de satisfacción.
Son completamente felices en la cocina. No volverían a Brasil a vivir. «Este es el sueño de muchos brasileños, el ser capaz de ponernos a prueba y tener nuestro negocio. Antes de la pandemia tenía ganas de expandir, ahora te da un poco más de miedo», explica Everaldo. Tiene dos hijos pequeños y todavía muy presente lo que vivía en Rio de Janeiro. «Entraba a trabajar en un coche y tenía que salir en otro para que no te siguieran. La mayoría de los secuestros son en la puerta de tu casa, a mí me robaron el coche, que más da, que se lo lleven. La tranquilidad de Galicia no tiene precio», explica Pessoa, que pese a saber que en Brasil ganaría más dinero, nunca volverá a vivir allá.
Su lugar en el mundo está entre croquetas, tapiocas y unos zumos naturales a partir de frutas tropicales que completan el menú que elaboran los cracs de los fogones.