Una huelga por ellos y por nosotros

PONTEVEDRA

Sandra Alonso

Aunque cueste digerirlo, el paro médico que comenzó esta semana en toda Galicia pretende mejorar la calidad asistencial que prestan y que recibimos

16 abr 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Las huelgas de trabajadores de servicios esenciales, como por ejemplo la sanidad pública, siempre resultan de difícil digestión para la ciudadanía. Está siendo el caso de la huelga indefinida del personal facultativo del Servizo Galego de Saúde (Sergas) que se desarrolla desde el pasado martes 11, convocada por la CESM (Confederación Estatal de Sindicatos Médicos). El paro está teniendo un tremendo impacto en hospitales y centros de salud, aunque la Xunta intente restarle trascendencia. Pero la realidad es tozuda: ya van más de 20.000 pacientes perjudicados en toda Galicia por la cancelación de citas, ya fuera para consulta, pruebas o quirófano.

Como informaba La Voz de Galicia, el martes, al inicio de la huelga «houbo un bo petote, marchou xente sen operar», titulando con la cita textual de uno de los muchos pacientes perjudicados tanto en el Hospital Provincial como en Montecelo. Hay una evidencia empírica: muchos de nosotros ya tenemos en nuestros entornos, personas que han sido víctimas de los daños colaterales de este paro médico.

Complicada solidaridad

Quienes convocan y los que la secundan, nos dicen que lo están haciendo para intentar mejorar la calidad de la asistencia sanitaria que nos prestan. Nos trasladan que es una huelga por ellos, pero también por nosotros. Es plausible. Aunque cueste un riñón el ejercicio de solidaridad, máxime cuando el paciente lleva meses esperando. Por cierto: será el Sergas el que se encargue de reprogramar esos millares de consultas, pruebas y cirugías que se están suspendiendo sine die.

El ejercicio de comprensión de los pacientes afectados hacia los profesionales sanitarios que secundan la huelga, no es sencillo. Duele el alma cuando ves casos como el de Jorge y Ermitas, un matrimonio pontevedrés, que se relataba el viernes en estas mismas páginas. Viajaron a Santiago, para acudir a una cita en Oncología en el CHUS que llevaban tiempo esperando. Solicitaron el día libre en el trabajo y aguardaron por la ambulancia que les llevó a la cita que… fue suspendida por la huelga. Es un ejemplo entre miles, de la abundante casuística que se ha vivido. Esta huelga médica, si bien puede entenderse, encabrona aún más a los pacientes. ¡Qué lejos quedan los aplausos de las ocho de la tarde!

El sindicato convocante de la huelga afirma que lo hace para «defender la seguridad de los pacientes y por la dignidad de los profesionales sanitarios». Entre las peticiones que sustentan la convocatoria, CESM reclama agendas limitadas a 25 pacientes al día en Pediatría; 30 en el caso de los médicos de familia, a fin de asegurar una consulta adecuada con el tiempo necesario para cada persona que estiman en un mínimo de 10 minutos.

35 horas y estabilidad laboral

También demandan mejoras económicas como el incremento de las retribuciones que reciben por guardias presenciales. Una semana laboral de 35 horas y mayor estabilidad pues menudean las contrataciones eventuales y temporales que cronifican la precariedad, especialmente entre los facultativos jóvenes.

¿Y qué va a pasar a partir de mañana lunes? Pues todo apunta a que la huelga continuará. Y así seguirá hasta que la Consellería de Sanidade dé el brazo a torcer y se avenga a sentarse a negociar con la CESM. Ocurre que este sindicato no está presente en la Mesa Sectorial que es el órgano de interlocución entre Xunta de Galicia y trabajadores del sector sanitario. En esa mesa tienen asiento, en cambio, otros sindicatos como UGT, CC.OO., CIG, CSIF y SATSE que no secundan la huelga actual, aunque compartan los motivos. La Consellería ningunea a CESM. Pero el impacto de la huelga no creo que permita a Julio García Comesaña y a su equipo evitar lo inevitable. De momento, la Consellería intenta capear el temporal lanzando propuestas como la que presentó el viernes consistente en ofrecer contratos de 2 años a los médicos internos residentes (MIR) que finalicen la formación. Cubrirían las plazas que vayan quedando por jubilaciones, así como en las especialidades más deficitarias.

Quiebra de la Primaria

Como telón de fondo tenemos la crítica situación en la que sigue inmersa la atención primaria. La falta de profesionales es crónica. Persiste en ambulatorios, centros de salud y puntos de atención continuada. Con ese muro agrietado desde la pandemia, es normal que lleguen avalanchas de pacientes a las Urgencias como ocurre cíclicamente en Montecelo, pues no existe un primer filtro. En cambio, el Sergas se empeña en mantener operativos centros de salud, aunque sea a costa de tener un único facultativo ?o ninguno- como ocurre cada dos por tres en el PAC de A Parda y en otros de la comarca: Baltar, Bueu y Marín, entre otros.

La Consellería de Sanidade está tardando una barbaridad en adoptar medidas de corrección pese a las reiteradas reclamaciones del colectivo profesional. El Colegio de Médicos de Pontevedra que viene clamando contra estos disparates hasta romper relaciones con Comesaña, exige que se concluya con ese teatrillo y que el presidente Rueda le ponga fin.

La organización colegial que preside el pontevedrés Isidro Lago denuncia que «hemos llegado al summum con la normalización de la falta de médicos que ya se ha asumido por parte de la Consellería». La escasez convertida en virtud.