El «gol do allo» hizo al Pontevedra de Primera cuando sus futbolistas cobraban 3.500 pesetas

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

En abril del 2013, algunos de los jugadores del ascenso del Pontevedra recibieron un homenaje en Pasarón. En la imagen, Rafa Cersuela lanza el balón recordando el «gol do allo» de 1963
En abril del 2013, algunos de los jugadores del ascenso del Pontevedra recibieron un homenaje en Pasarón. En la imagen, Rafa Cersuela lanza el balón recordando el «gol do allo» de 1963 RAMON LEIRO

Rafa Ceresuela marcó el tanto del empate al Celta y certificó el primer ascenso a la élite de los granates después de sentarse sobre una cabeza de ajos para atarse la bota. Era abril del del 1963

01 abr 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El 14 de abril de hace 62 años Rafa Ceresuela se sentó en la banda sobre una cabeza de ajos. Se había retirado momentáneamente para atarse la bota y al parecer, sin darse cuenta, se apoyó sobre ella. Un policía que estaba vigilando el encuentro vio lo qué ocurrió y se giró a los compañeros del banquillo para decirle que iba a marcar en la siguiente jugada. El chascarrillo, que pudo haberse quedado en una simple anécdota, escribió una de las páginas más importantes de la historia del Pontevedra. El delantero zaragozano, que había llegado esa temporada al equipo, regresó al terreno de juego cuando Recalde tenía que efectuar un saque de esquina. El portero del Celta despejó el balón, pero no lo pudo controlar y se quedó en la frontal del área. Primero lo tocó Ferreira, que cedió a Ceresuela, quien se encargó del empate a menos de diez minutos para el final. Era el punto que necesitaban los granates para el ascenso. Y lo firmaban ante un Pasarón abarrotado, que le dio el empujón que necesitaba para ponerse a la altura de los grandes. El propio Ceresuela no era consciente de lo que había ocurrido cuando salió a atarse la bota, pero ese mismo lunes, al regresar al entrenamiento y pasar por el puesto de mando de la policía, el agente que estaba en el campo durante el partido, le contó que se había sentado sobre una cabeza de ajos. Así se bautizó como el «gol do allo» y fue el punto de partida del Hai que Roelo, el sobrenombre con el que desde entonces se conoce al Pontevedra.

Esa fue su primera gran gesta. El antiguo campo, hoy un estadio remodelado en el que Concello y Diputación invirtieron cerca de 18 millones de euros (más del doble de lo previsto), estalló en alegría. Quienes vivieron aquel partido y sobre todo, aquella época, no se olvidan de lo que supuso que Ceresuela empatase el partido contra el Celta después de que los celestes se hubiesen adelantado en el marcador con un tanto de Polito.

Los granates llegaron a la penúltima jornada de liga con un pie en Primera División después de tres años en la categoría de Plata y sabiendo que tan solo cinco antes estaban en ligas regionales. La ciudad y Galicia entera asistía asombrada a la hazaña de un equipo humilde con derecho a soñar. Solo necesitaban un punto a dos semanas para el final de liga y tuvieron que certificar el ascenso ante sus vecinos de Vigo. Días antes de ese recordado 14 de abril, La Voz de Galicia llevaba en su sección de deportes un enorme titular que anticipaba lo que podría ocurrir: «El Pontevedra, en Primera División». Iba acompañado de un subtítulo en el que se apuntaba que «le bastará lograr un punto en los dos partidos que le faltan». Y lo hizo.

Las crónicas de entonces solo tenían loas para los granates. Cuatro días después del empate, este periódico recogía que la afición coruñesa daría «un cálido homenaje al Pontevedra». En el texto recordaban que el 1 de mayo se jugaría en Riazor un partido «a beneficios del nuevo Primera División gallego». Con la liga ya acabada y el Pontevedra oficialmente en la élite, el Deportivo se preguntaba ¿por qué no habilitar esa fecha para la celebración de un amistoso de homenaje entre los dos Primeras gallegos?

Un sueldo de 3.500 pesetas

Seis décadas después, el escenario es otro bien distinto. El Dépor pelea por regresar a la élite, mientras el Celta lo hace por meterse en Europa, el Pontevedra está a punto de firmar su ascenso a Primera Federación y los jugadores son estrellas mediáticas con sueldos millonarios. Pero, ¿cómo era aquel equipo del ascenso? Con una edad media de 24 años, el sueldo de los futbolistas era el mismo para todos: 3.500 pesetas al mes y una prima de mil euros por partido ganado fuera, y de 600, por los empatados.

Pocos quedan ya de esa quinta histórica del Hai que Roelo. Junto a Ceresuela, estaban en Pasarón aquel abril de 1963 Gato, Firi, Cholo, Pastor, Calleja, Ferreiro, Recalde, Vallejo, Iglesias y José Jorge. Algunos de ellos se reencontraron en el homenaje que el Pontevedra les hizo cuando se cumplieron 50 años del «gol do allo». Ese día, históricos como Tito Estévez, Guillermo, Cholo o Ceresuela se reunieron sobre el césped de Pasarón para rememorar la etapa dorada del equipo. El 14 de abril de hace doce años, Rafa se puso en el punto de penalti para lanzar a portería en un homenaje que levantó de la grada a los cinco mil aficionados que ese día viajaron medio siglo atrás.

El ascenso de 1963 no fue el único. Tras una temporada en Primera División con más alegrías que penas, el equipo regresó a Segunda para volver a protagonizar un ascenso en 1967. Y otra vez Ceresuela fue protagonista de otro año histórico. Dio el gol de la victoria a los suyos en la primera visita del Real Madrid a Pasarón. Era diciembre del 67 y los blancos visitaban Pontevedra con una plantilla en la que había nombres que enmudecían al fútbol. Fue la única vez que Di Stefano o Puskas jugaron en Pasarón y salieron de la ciudad con una derrota en la mochila.

Esos años dorados quedaron en la memoria de los aficionados granates, que cada vez que el equipo se asoma a una batalla evocan el espíritu del Hai que Roelo. Este 2025 es un de ellos.