Día de feria

Manuel Viláro Pombo

RELATOS DE VERÁN

Su padre se encontraba encamado como consecuencia de haberse excedido en la dosis de aguardiente con objeto de calmar el dolor que le afectaba al tercer premolar izquierdo. De hecho, cuentan que el premolar dejó de dolerle de forma inmediata y que jamás volvió a probar el aguardiente.

Ante tal tesitura, Manuel puso rumbo a la feria de Sarria acompañado de Chiki -su fiel perro pastor, que tenía tantos años que eran las vacas quienes lo cuidaban a él- y un quejoso carro de vacas con ocho cerdos en su interior.

Una vez en la feria, y cuando se disponía a bajar los cuinos del carro, pudo apreciar cómo una despistada niña caminaba de espaldas al galope descontrolado de un desbocado caballo. Se abalanzó sobre la niña evitando que el caballo la atropellara. Mezcla de miedo y angustia, la niña se incorporó y le dio las gracias a Manuel.

Era la primera vez que lo miraban así. Ya nunca podría olvidarla.

Pero de lo que sí se olvidó fue de los cerdos, de tal manera que uno de ellos saltó del carro y escapó en busca de una cuadra sin tratado de extradición. Las extenuantes y toscas labores de captura del marrano derivaron en tumulto, hecho este al que puso fin un número de la Guardia Civil realizando un disparo al aire con objeto de retomar el orden público alterado. Dicha deflagración causó en el gorrino tal pavor que evacuó aguas menores directamente sobre el aceitunado e impoluto traje del Benemérito discípulo del Duque de Ahumada, quien ya se había aprehendido del cerdito. Conclusión: cuartelillo.

Identificado el titular del cerdo, y debido a la gravedad de los hechos, se instruyeron las pertinentes diligencias, acordándose la declaración del causante del altercado y surgiendo la duda en el avispado instructor de si tomarle declaración al cerdito o a su propietario.

Fue tal su duda que impetró la presencia en la sala del Superior con objeto de resolver la controversia surgida. Este, al ser consultado sobre la cuestión jurídica de fondo, consideró de aplicación la teoría del suicidio procesal. Desconociendo dicha teoría el avispado instructor, pero dándose por aludido sobre lo del suicidio.

Y de repente apareció ella, la niña, aún con el susto en el cuerpo, y se fundió en un abrazo con el Superior. Le susurró al oído a su padre, miró a Manuel, y se marchó.

-¿Son tuyos esos cerdos hijo? -preguntó el Superior.

-¡Sí, Señor!

-¿Están en venta?

-Sí, Señor.

Media hora más tarde, Manuel salió del cuartel, aliviada la tensión de tesorería de la casa, con el archivo de las diligencias y con el recuerdo de aquella mirada que ya nunca podría olvidar.

Manuel Viláro Pombo. Abogado. 53 años. Lugo.