La muñeca

Eugenio Gómez

RELATOS DE VERÁN

Era en principio como otra mañana cualquiera a primera hora: prisas, “niñas, desayunad, lavaros los dientes, …, que no llegamos a tiempo al cole”.

Cogemos el coche, hablamos de lo que nos espera en el día: trabajo, exámenes, actividades para escolares,… parece que va a ser un día intenso.

Llegamos a un semáforo en rojo y nos paramos. Por la ventanilla veo al lado del paso de cebra una furgoneta que está parada y que pone algo así como Transporte Centro de Día. Una persona se afana en abrir el portón trasero y extender una rampa.

Pegada a la furgoneta ahora veo una mujer mayor, muy mayor pensé por su aspecto frágil, delgada… y que se encuentra en silla de ruedas. Entre sus manos observo que sostiene una muñeca, a la cual la peina, le arregla su vestido, le habla, le da besos.

Al lado de la mujer un hombre también mayor que intuyó será su marido. Ahora es él quien peina con mucha delicadeza a la mujer, le alisa el pelo, le susurra algo al oído, le acaricia suavemente su mejilla izquierda y le da un beso en la frente, hasta que la suben a la furgoneta. Ella sostiene entre sus manos su tesoro, su muñeca.

Semáforo en verde, hay que arrancar y volver a las prisas y planificar el día, pero la imagen de esa mujer, su marido y la muñeca me acompañarán todo el día. Por un lado, pienso en ese breve instante de tiempo en el que me olvido de las prisas y todo ves que se relativiza, que una caricia en la mejilla y una muñeca son mucho más importantes.

Por otro lado, a mi mente viene aquella maravillosa canción de Los Secretos en la que en un futuro todos, o casi todos, Volveremos a ser un niño.