FUMADORES

La Voz

SANTIAGO

JOSÉ MANUEL RUBÍN CONTRAPUNTO

28 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Mi amiga no fuma por placer, como mitificó Sara Montiel. Ella lo hace (como otras tantas cosas que llenan su vida) porque le gusta. Lo expresa, sin palabras, al modo y manera que lo hacía una de las pioneras de las fumadoras gallegas, la costurera Gloria Pérez, esposa que fue del presidente de la República, Casares Quiroga: «No fumo por placer, fumo porque me gusta». Mi amiga no lee las estadísticas fúnebres del tabaco. Simplemente se fuma la vida a caladas que es una maravillosa forma de sufrir, de amar, de vivir, de soñar, de penar e, inevitablemente, de morir. Su vida la va exhalando bocanada a bocanada. Si no fumase sería otra persona, tendría otros matices. Quizás, si no fumase, no sería ni mi amiga. Desde mi militancia de empedernido no fumador estampo la firma en el pergamino de la tolerancia para que cada cual consuma sus días como mejor le plazca. Sí lamento que el tabaquismo mate cada año de forma prematura a más de un centenar de santiagueses. Y también lamento que tres de cada diez quinceañeros compostelanos fumen y que la mayoría de cafés, estancos y áreas comerciales de Santiago se fumen la ley de la Xunta que intenta prevenir el consumo de tabaco entre menores. Me duele, como a cualquier ser humano, la muerte ajena. Pero no sólo la del tabaco. Me corroe la muerte por la miseria, la muerte por la tristeza o el desamor, la muerte por el alcohol, la muerte por la heroína, la muerte por la velocidad inadecuada en las carreteras inadecuadas... Me duelen tantas muertes que una simple varahada de humo me sirve de anestesia a tanto dolor. Y cuando ella no esté, y el cigarrillo deje de tener el mismo significado, seguiré, como empedernido fumador pasivo, suspirando por sus caladas. En la tristeza de su ausencia encontraré un viejo Club de Rick que me cambiará en un Humprey Bogart que, cigarrillo en ristre, suspirará: «Tócala otra vez, Sam». jmrubin@lavoz.com