MARCOS S. PÉREZ MI CALLE
21 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando quiero encontrar un lugar exento de todo romanticismo camino por Santiago de Chile. ¿Qué cosa hay en esta calle que merezca la pena? Pues nosotros mismos que caminamos por ella y toda la gente que aquí vive. Todo el mundo conoce a alguien que vive en alguno de los edificios. Todo el mundo ha estado alguna noche en alguno de los apartamentos de endiablada construcción de esta avenida. La mayor parte de los chilenos que vienen a Galicia pasean por aquí. Tienen curiosidad por cómo luce la vía que lleva el nombre de su capital. Al llegar, se llevan una decepción: la calle que quiso ser avenida quedó encajonada entre feos edificios, tristes árboles y una sensación de falta de brillantez. La culpa es del maldito desarrollismo del final del franquismo, que ha dejado un rastro de ciudades grises, sucias y totalmente faltas de capacidad de enamorar. Todo lo contrario que la zona monumental. No esperen ver salir de alguno de los portales a Pablo Neruda, Vicente Huidobro o Salvador Allende. No esperen encontrarse a los Quilapayún, o a Víctor Jara tocando en una esquina. No busquen con rabia a Pinochet en alguna de las cafeterías. Esto no es Santiago de Chile. Es una de tantas calles artificiales que cuesta tanto humanizar. redac.santiago@lavoz.com